martes, 25 de septiembre de 2007

Entrevista a Eva Gómez

Aunque ya casi ha pasado un mes desde la publicación de una entrevista que se realizó a Eva Gómez en el diario Las Últimas Noticias acerca de las tribus urbanas (donde se habla de los "Visuals"), me gustaría compartir con ustedes una carta que envíe al Director del dirario vía correo electrónico inmediatamente después de leer aquel artículo.

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Estimado Señor Director:


Con respecto a la entrevista aparecida en las páginas de su diario el día Domingo 26 de agosto titulado: Eva Gómez: "Tengo clarísimo quién es pokémon o emo", quisiera manifestar mi molestia por lo que han publicado. Si bien es cierto que no los puedo culpar por las declaraciones que su entrevistada a prestado, me parece una falta de profesionalismo que su periodista (Karla Henríquez) publique cosas sin antes investigar su veracidad, a la vez que deja entrever su ignorancia tanto que en Japón se habla Chino Mandarín, como pensar que los nombrados pokemones tienen alguna vaga relación con la cultura asiática.

Aún cuando yo no me considero perteneciente a alguna tribu urbana, siendo que escucho música visual y veo animación japonesa, creo que hablo en nombre de muchos cuando digo que es una falta de respeto confundir a un Visual Kei Fan (sea que escuche Eroguro, Angura, Kotekote, Nagoya, Neo-Visual u Oshare) con un Emo. Créanme que a nadie le gustaría ser confundido con uno.

También me llama la atención su “Guía para padres”, donde a un tal Vito Martínez catalogan como “verdadero experto en nuevas tribus urbanas”, pues si es así entonces cualquiera podría ser calificado de esa manera. ¿Que los Visual Kei Fans escuchan L’arc~en~Ciel? ¡Por favor! Aún cuando este grupo tuvo un inicio como banda visual, ahora no son más que un grupo de J-Pop/Rock. Si quieren un grupo que los identifique tan sólo escriban en cualquier buscador de internet las palabras “Visual Kei” y encontrarán miles de acertados ejemplos (como puede ser dir en grey, Malice Mizer, Phantasmagoria, The GazettE, Velvet Eden, Antic Cafe, etc.) ¿Que los Visual Kei Fans se encuentran relacionados con el animé y poseen look de alguno de estos personajes? En primer lugar, aunque ambas tendencias provengan de Japón no significa que se encuentren relacionadas; hay mucha gente que escucha música visual pero no le gusta el animé e incluso odian a los otakus, como también hay mucha gente que le gusta el animé (pues ojo que no toda persona que vea animación japonesa se considera Otaku, ya que este termino puede ser tomado muchas veces como un verdadero insulto al igual como sucede en Japón), pero no les gusta la música nipona. En segundo lugar, me pregunto donde habrá mirado el Sr. Vito Martínez para afirmar que parecen personajes de animé, quizá se metió en una competencia de Cosplay (es decir, disfrazarse de algún personaje de una serie y caracterizarlo).


Tal vez lo único que agradezco es que no hayan cometido tan grande error, como suele suceder, de confundir a los Visual Kei Fans con Góticos, que eso es lo peor que puede pasar para ambas tribus urbanas (aunque puede darse el caso que alguien escuche ambos tipos de música). Por lo demás, tan sólo espero que para otra oportunidad, si quieren publicar algo así, refiriéndose a alguna Tribu Urbana, entrevisten a gente que realmente conozca sobre el tema, pues, hasta donde yo sé, en los Medios de Comunicación no existe nadie.


PD: Les adjunto la versión editada de Las Últimas Noticias que apareció el día 1 de Septiembre de 2007, para que comparen:



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lunes, 24 de septiembre de 2007

EL PADRE (Olegario Lazo Baeza)

Un viejecito de barba blanca y larga, bigotes enrubiecidos por la nicotina, manta lacre, zapatos de taco alto, sombrero de pita y un canasto al brazo, se acercaba, se alejaba y volvía tímidamente a la puerta del cuartel. Quiso interrogar al centinela, pero el soldado le cortó la palabra en la boca con el grito: -¡Cabo guardia! El suboficial apareció de un salto en la puerta, como si hubiera estado en acecho. Interrogado con la vista y con un movimiento de la cabeza hacia arriba, el desconocido habló: -¿Estará mi hijo? El cabo soltó la risa. El centinela permaneció impasible, frío como una estatua de sal. -El regimiento tiene trescientos hijos; falta saber el nombre del suyo -repuso el suboficial. -Manuel... Manuel Zapata, señor. El cabo arrugó la frente, y repitió, registrando su memoria. -¿Manuel Zapata?... ¿Manuel Zapata?... Y con tono seguro: -No conozco ningún soldado de ese nombre. El paisano se irguió orgulloso sobre las gruesas suelas de sus zapatos, y sonriendo irónicamente: -¡Pero si no es soldado! Mi hijo es oficial de línea... El trompeta, que desde el cuerpo de guardia ola la conversación, se acercó, codeó al cabo, diciéndole por lo bajo: -Es el "nuevo"; el recién salido de la Escuela. -¡Diablos! El que nos "palabrea" tanto... El cabo envolvió al hombre en una mirada investigadora, y como lo encontró pobre, no se atrevió a invitarlo al casino de oficiales. Lo hizo pasar al cuerpo de guardia. El viejecito se sentó sobre un banco de madera y dejó su canasto al lado, al alcance de su mano. Los soldados se acercaron, dirigiendo miradas curiosas al campesino e interesadas al canasto. Un canasto chico, cubierto con un pedazo de saco. Por debajo de la tapa de lona empezó a picotear primero, y a asomar la cabeza después, una gallina de cresta roja y pico negro, abierto por el calor. Al verla, los soldados palmotearon y gritaron como niños: -¡Cazuela! ¡Cazuela! El paisano, nervioso con la idea de ver a su hijo agitado con la vista de tantas armas, reía sin motivo lanzaba atropelladamente sus pensamientos: -¡Ja, ja, ja!... Sí. Cazuela..., pero para mi niño. Y con su cara sombreada por una ráfaga de pesa agregó: ¡Cinco años sin verlo!... Más alegre, rascándose detrás de la oreja: -No quería venirse a este pueblo. Mi patrón lo hizo militar. ¡ja, ja, ja!..."Uno de guardia", pesado y tieso por la bandolera, el cinturón y el sable, fue a llamar al teniente. Estaba en el picadero, frente a las tropas en descanso, entre un grupo de oficiales. Era chico, moreno, grueso, de vulgar aspecto. El soldado se cuadró, levantando tierra con sus pies al juntar los tacos de sus botas, y dijo: -Lo buscan..., mi teniente. No sé por qué fenómeno del pensamiento, la escogida figura de su padre relampagueó en su mente... Alzó la cabeza y habló fuerte, con tono despectivo, de modo que oyeran sus camaradas: -En este pueblo... no conozco a nadie... El soldado dio detalles no pedidos: -Es un hombrecito arrugado, con manta... Viene de lejos. Trae un canastito... Rojo, mareado por el orgullo, llevó la mano a la visera: -Está bien... ¡Retírese! La malicia brilló en la cara de los oficiales. Miraron a Zapata... Y como éste no pudo soportar el peso de tantos ojos interrogativos, bajó la cabeza, tosió, encendió un cigarro y empezó a rayar el suelo con la contera de su sable. A los cinco minutos, vino otro de guardia. Un conscripto muy sencillo, muy recluta, que parecía caricatura de la posición de firmes. A cuatro pasos de distancia le gritó, aleteando con los brazos como un pollo: -¡Lo buscan, mi teniente! Un hombrecito del campo... Dice que es el padre de su mercé... Sin corregir la falta de tratamiento del subalterno, arrojó el cigarro, lo pisó con furia y repuso:
-¡Váyase! Ya voy. Y para no entrar en explicaciones, se fue a las pesebreras. El oficial de guardia, molesto con la insistencia del viejo, insistencia que el sargento le anunciaba cada cinco minutos, fue a ver a Zapata. Mientras tanto, el pobre padre, a quien los años hablan tornado el corazón de hombre en el de niño, cada vez más nervioso, quedó con el oído atento. Al menor ruido, miraba hacia afuera y estiraba el cuello, arrugado y rojo como cuello de pavo. Todo paso lo hacia temblar de emoción, creyendo que su hijo venía a abrazarlo, a contarle su nueva vida, a mostrarle sus armas, sus arreos, sus caballos... El oficial de guardia encontró a Zapata, simulando inspeccionar las caballerizas. Le dijo, secamente, sin preámbulos... -Te buscan... Dicen que es tu padre. Zapata, desviando la mirada, no contestó. -Está en el cuerpo de guardia ... No quiere moverse... Zapata golpeó el suelo con el pie, se mordió los labios con furia y fue allá. Al entrar, un soldado gritó: -¡Atenciooón! La tropa se levantó rápida como un resorte. Y la sala se llenó con ruido de sables, movimientos de pies y golpes de taco. El viejecito, deslumbrado con los honores que le hacían a su hijo, sin acordarse del canasto y de la gallina, con los brazos extendidos, salió a su encuentro. Sonreía con su cara de piel quebrada como corteza de árbol viejo. Temblando de placer; gritó: -¡Mañungo! ¡Mañunguito!... El oficial lo saludó fríamente. Al campesino se le cayeron los brazos. Le palpitaron los músculos de la cara. El teniente lo sacó con disimulo del cuartel. En la calle le sopló al oído: -¡Qué ocurrencia la suya!... ¡Venir a verme!... Tengo servicio... No puedo salir. Y se entró bruscamente. El campesino volvió a la guardia, desconcertado, tembloroso. Hizo un esfuerzo, sacó la gallina del canasto y se la dio al sargento. -Tome: para ustedes, para ustedes solos. Dijo adiós y se fue arrastrando los pies, pesados por el desengaño. Pero desde la puerta se volvió para agregar, con lágrimas en los ojos: -Al niño le gusta mucho la pechuga. ¡Delen un pedacito!...

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Espera

Sonriendo, con presteza abrió sus ojos, recorrió luego con la mirada su hogar y observó aquellos mismos polvorientos muebles. Finalmente detúvola en aquella vacía mesa que tan sólo ella ocupaba. Aún estaba sola.

Después de todo nada ha cambiado, fue el pensamiento que su mente inundó antes de depositar en la mesa aquel plato de sopa que llevaba entre sus manos. Entonces, como siempre, sentóse y sorbió la primera cucharada de su amargura.