sábado, 25 de diciembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - VII (2)



VII





Me detengo justo antes de volver a entrar a mi cuarto. Empuño con fuerza mis manos y dejo que mis dientes chirreen mientras intento vencerme a mí misma… dejar de lado lo que creo correcto y cumplir la voluntad de aquello desconocido. Cuando he conseguido autoconvencerme, levanto la cabeza y grito el pacto a todo pulmón, intentando encontrar una respuesta:
¡¡¡Prometo no volver a buscar la verdad, si con eso consigo que me devuelvas a mis padres!!!
No puedo evitar que unas lágrimas de frustración rueden por mis pómulos, mientras agacho la cabeza. Entonces… encuentro la respuesta a mis pies.
Me acuclillo frente a la entrada de mi habitación y cojo con ambas manos el trozo de papel que debió estar bajo la puerta. Enjugo las lágrimas que distorsionan mi visión para poder leer las palabras de la nota. Mi corazón no deja de latir.


Cariño, mañana saldremos temprano con tu padre, una amiga nos pasará a recoger, quiere que le ayudemos a escoger un regalo para su novio. Ellos son buenos amigos nuestros, así que hemos decidido ayudarle.
Nos telefoneó anoche y no te pudimos decir, porque no queríamos despertarte ya que habías apagado temprano la luz de tu habitación.
¡Esperamos que no te quedes dormida y vayas a clases!
Mamá & Papá


Así que se trataba de eso… cuando terminé de leer pude volver a respirar aliviada. –Ellos y sus papelitos… ¡siempre me hacen lo mismo!–. Arrugue la nota y me puse de pie, mientras lo hacía no pude evitar ruborizarme mientras recordaba lo que había hecho hace unos instantes –sé que nadie lo había visto, pero es una reacción incontrolable–. Verdaderamente todo esto me estaba volviendo loca… Si bien es un hecho irrefutable que el cielo se ha oscurecido por completo, he empezado a delirar con conspiraciones en mi contra… debo tener demasiada imaginación… Será mejor que me termine de arreglar –aunque no podré evitar llegar con retraso. Bueno, ¡que me pierda una latera clase de Cultura Religiosa no me vendrá nada de mal!–. Ya en algún momento les preguntaré a mis padres que está sucediendo, por hoy ya han sido demasiadas emociones… ¡Sí!, otro día les preguntaré… todo esto tiene que tener una explicación lógica… ¿algún fenómeno natural, tal vez? Nada de conspiraciones… nada más de eso…
Es cierto que me sentía aliviada, pero mi cuerpo no dejaba de temblar. Me di cuenta de ello mientras caminaba hasta mi cama. Todavía sostenía con fuerza el papel arrugado en mi diestra. Aún cuando había decidido en dejar de pensar en conspiraciones, había algo que no me dejaba de molestar… ¿por qué todos me lo ocultan? ¿Por qué…?


Antes de salir de la casa rumbo al colegio, me acerqué al papelero de la cocina para tirar el pequeño papel. ¿Por qué lo había dejado hasta el final? Mi mano no dejó de tiritar mientras intentaba deshacerme de él. ¿Qué estaba pensando? ¿Qué cosas estaban pasando por mi cabeza? ¡Claro que lo sabía!, pero no me atrevía a admitirlo… era una posibilidad, una pequeña posibilidad y me aterraba creer que fuera cierta…
¿Y si este papel apareció justo después de elevar mi suplica?
¡No!, ¡eso no puede caber como una posibilidad!, me dije, dejando caer la nota para que se acomodara junto a los demás desechos. ¡Es solo una casualidad!, una mera coincidencia… una muy aterradora, me atrevería a decir…
¿Será que ya me he terminado de volver completamente loca?, me pregunté mientras cerraba la puerta tras de mí, internándome en aquella oscuridad que poco a poco me llamaba a caer en sus brazos demenciales. ¿Acaso la noche puede enloquecer, aún cuando la Luna no se encuentre presente en ella?


Quizá solo debería dejar de ser tan distraída…
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Esa oscuridad sobre nosotros - VII (1)



VII





Como todas las mañanas, desperté con el sonido de la alarma. ¿Qué era esta vez? Ni siquiera pude identificar la melodía de esta vez –semana a semana la cambiaba–, mi cabeza estaba en cualquier lado, menos donde yo me encontraba. ¡Ni siquiera recuerdo haberla cambiado anoche! Pero eso en este momento no me importaba, había otra cosa que misteriosamente me estaba molestando. Algo que esta vez no había ocurrido.
La casa estaba demasiado silenciosa, tan solo podía escuchar el sonido que mis pies hacían al intentar seguir el ritmo de mis acciones. No sé por qué me apuraba; esta vez estaba bien en la hora.
El agua de la ducha terminó de limpiar los restos de somnolencia que aún quedaban impregnados en mi rostro, lo cual me ayudó a ver las cosas con mayor claridad y a pensar en aquellos que me estaba molestando. ¿Qué faltaba?
Inconscientemente mi mente empezó a recorrer lugares que yo no le había demandado. En mi cabeza fluyeron las imágenes de lo último que había acontecido en mi vida, al igual que el conjunto de pensamientos desordenados que aún seguían sin tener una coherencia exacta. Todo, realmente todo volvió a resonar en mi cabeza, hasta lo ocurrido la noche anterior…
La noche anterior…
¡Mis padres!
¡La voz de mi madre! ¡Eso es lo que falta! Su voz se dejaba oír inmediatamente después de que empezaba la música del despertador… pero, esta vez, no había oído nada. Es más, no había percibido ningún sonido que proviniera de su habitación –¡ni siquiera el ronquido de mi padre que se deja oír por toda la casa!–.
Rápidamente corté el flujo de agua y salí disparada de la ducha, intentando, en lo posible, no resbalar en el camino, tomé la toalla que estaba colgada en el perchero de la puerta, antes de abrirla. A medio camino de llegar a su habitación, conseguí cubrirme con el gran pedazo de tela celeste –no es que me preocupe que mis padres me vean desnuda, pero uno, a esta edad, ya tiene cierta dignidad–. Olvidando mis buenos modales, abrí la puerta sin más, cargando mi cuerpo contra ella, para que la acción fuera más rápida. Intenté recuperar el aliento, parada bajo el umbral, pero era inútil, mi corazón se volvió a acelerar al comprobar que la pieza estaba vacía y la gran cama, intacta, sin señales de que hubieran dormido aquí anoche. ¡Pero eso no podía ser!, ¡si yo misma los vi ayer!, ¡estaban en casa!, ¡incluso cené con ellos antes de encerrarme en mi habitación! ¡¿Qué está sucediendo?!
Presurosa, bajé las escaleras de un vuelo, esperando encontrarlos abajo, ya sea en la cocina, en el living, en el comedor o en el otro baño… ¡Pero nada! ¡No estaban! ¿Acaso esto era mi culpa? Pero no… esto me parece demasiado irreal… ¡Justo cuando había pensado en preguntarles directamente a ellos qué estaba sucediendo, desaparecen! ¡Sin más!, ¡llegan y desaparecen! ¿Este es otro tipo de castigo por querer saber la verdad? Primero fue Sarah, que me dio la espalda, y ahora mis padres, que se han esfumado… Temblorosa me acerco hasta una de las ventanas de la sala de estar, descorro con cuidado el visillo, intentando jugar la última carta que me queda antes de caer en la completa desesperación. Miro afuera. El día continúa siendo oscuro, pero eso no es lo que quiero comprobar. Miro un poco hacia la izquierda y entonces lo encuentro… Está aquí… ¡Maldición! ¡Está aquí, justo en frente de nuestra casa! Todas mis esperanzas se han esfumado, igual que ellos lo han hecho… Definitivamente han desaparecido… nuestro auto rojo sigue allí estacionado, donde siempre, pero ellos no están acá… ¿Dónde se han ido? ¿Será que si dejo de buscar la verdad me los devolverán?
¿Qué debería hacer?, me pregunto mientras retorno en mis pasos y subo descuidadamente las mismas escaleras. ¿Qué se supone que debería hacer…? ¿Dejar esto nada más? ¿Pero qué…? Aún me sigo preguntando si he hecho algo malo al intentar averiguar la verdad, ¿es ese el gran pecado que he cometido y por eso me arrebatan las cosas una por una? ¿La curiosidad mató al gato?, ¿será que este dicho se aplica en este caso? ¡Por qué no me lo explicaron antes! ¡Por qué no me dijeron que intentar buscar respuestas estaba mal! ¡Por qué no me dijeron que había que vivir la vida sin más, sin preguntar, sin estar en desacuerdo con lo que está sucediendo, aunque sepamos que está mal! ¡Pero está mal, realmente lo está! Mi corazón no deja de repetírmelo y yo no puedo hacer caso omiso a su murmullo… es demasiada fuerte su voz como para dejarla pasar y que se pierda en el aire… ¡Qué debería hacer! ¡Qué se supone que debería hacer…!
Pero…
…no quiero estar sola…

Eso es… ¿juegas con nuestras debilidades? Seas quien seas que está haciendo esto, ¡¿te gusta jugar con nuestras debilidades?! ¡Sí, haz dado en el blanco! Puede que sea una persona que no demuestra lo que siente, pareceré un poco insensible y despreocupada por los demás, pero… la verdad… es que no me gusta estar sola… aún cuando los únicos que me rodeen sean mis padres… ellos… ¡Está bien!, puedo renunciar a la amistad, ¡pero no puedo dejar que te los lleves a ellos! ¿Qué debo hacer? ¡¿Qué se supone que debo hacer?! ¡¿Qué se supone que debo decir?! ¡¿Qué se supone que debo prometer…?! Oh… ¿eso? ¿Será que quieres escuchar que diga eso? ¡Está bien, lo haré, lo diré!, aunque no quiera, aunque no deba, porque sé que está mal… porque sé que no he hecho nada malo…

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martes, 2 de noviembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - VI



VI





Han pasado unos cuantos días desde que ocurrió todo aquello. La verdad es que nada ha cambiado y verdaderamente he perdido a la única amiga que al parecer he tenido. ¿Será algo justo? ¿Yo misma me lo habré buscado? ¿Acaso es malo querer saber lo mismo que los demás parecen ya conocer? … ¿Seré la única que lo desconoce o habrá otros que también ansían saber la verdad?
Es realmente extraño… demasiado diría yo. ¿En qué momento? ¿Cuándo supieron todo esto y por qué yo lo desconozco? ¿Qué me habré perdido? ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo en ese momento que no me enteré? En mi cabeza… todo parece estar en orden…
¿Estaré durmiendo? ¿Será este un sueño que se ha prolongado por demasiado tiempo? ¡¿Acaso estoy atrapada en él?! ¡Una pesadilla! ¡Una eterna pesadilla! ¡Me gustaría despertar! ¡Volver a ver la realidad que me está siendo privada! ¡Que alguien me despierte! ¡Que alguien me ayude! ¡Un vaso de agua! ¡Un pellizco! ¡Cualquier cosa! Si alguien… si tan solo alguien pudiera escuchar mi voz… ¡Si alguien… si tan solo alguien pudiera percibir mi pensamiento y comprender mi desesperación!
¿Y si siempre ha sido así y nunca ha existido aquella luz que me empecino en hallar? ¡No! No, debo volver a cuestionarme aquello… yo sé que lo que estoy buscando es real, mis recuerdos me lo dicen… mis vagos recuerdos me lo señalan… aquellas borrosas memorias son suficiente prueba para mí… ¡Me niego a creer que la oscuridad es, ha sido y será eterna! La vida no puede ser tan sombría y deprimente… ¡eso no puede ser así! Porque los días alegres existen, ¿no es cierto? Días en que podamos disfrutar de la belleza de la naturaleza mientras caminamos bajo la luz natural… ¡Aquello no debe ser un espejismo! ¡No puede ser una simple fantasía mía! ¡Es imposible! ¡Yo no puedo estar creando un mundo así, solo para aferrarme a una realidad que me ayude a negar lo que estoy viviendo! ¡No! ¡El problema no soy yo! ¡Es…! … el mundo ¡Sí, ese es el problema! Todos me han dado la espalda y no me quieren hacer partícipe de su secreto, de aquella verdad que guardan con tanto recelo. ¿Por qué? ¿Qué hice? ¿No estoy capacitada para conocer la verdad que apagó la luz del día? ¿Por qué? ¿Soy diferente? ¿Qué problema hay en mí que no puedo enterar de aquello? ¿Qué tienen los demás que no tenga yo para unirme al conocimiento de esta fatalidad? ¿Qué sucede? ¿El mundo me está rechazando? ¿Será porque no estoy de acuerdo…? ¡No puede ser! ¡Eso me parece demasiado inverosímil! Ya que, si así fuera, sería como pensar que ha sido el propio hombre el que se ha condenado a vivir entre las sombras y eso… no puede ser cierto, ¿verdad? Mi… mi corazón late más deprisa que antes… la sola idea de que aquello pueda ser verdad me ha espantado… pero… ¿y si lo fuera?
Creo que terminaré volviéndome loca antes de enterarme de lo que está sucediendo. Este eterno cuestionamiento solo consigue que vuelva más irreal y confuso lo que está sucediendo. ¿Habrá otros que pensarán como yo, devanándose los sesos por encontrar una respuesta a este cambio repentino? Si los hay, deben encontrarse aislados como yo, atrapados entre miles de otras personas que viven su vida como si nunca hubiera ocurrido algo anómalo. Solo veo eso, a donde quiera que vea solo consigo encontrar eso…
¿Quién querrá explicarme lo que sucede? ¿Alguien se atreverá o todos actuarán como Sarah? O… ¿habrá algo más? No, eso no puede ser… es decir, la explosión de aquel foco fue mera casualidad… ¿cierto? ¡Vamos! ¡Sí! ¡Eso debe ser! ¡Cómo me voy a estar cuestionando cosas como esas! No es posible que algo… o… alguien…
¿Por qué será que aquel sueño reverbera en mi cabeza?
No… son solo sugestiones mías…
Eso debe ser…
Será mejor que me duerma de una vez, si no mañana no me podré levantar de la cama… otra vez. Eso ya se está transformando en un hábito, aunque bastante agradable diría yo…










¿Y mis padres? ¿Conocerán la verdad? Porque, por último, ellos deberían estar dispuestos a contármela, ¿o no? Después de todo, son mis padres…
¡Sí!, ellos deben recordar aquellos días de sol que yo recuerdo, cuando íbamos a la playa. Yo era muy pequeña, pero no me puedo olvidar de algo tan placentero.
Pero…
¿Y qué ha pasado con todas aquellas fotos? ¿Por qué nunca las he vuelto a ver? ¿Cuándo desaparecieron? Ahora que lo pienso, solían estar visibles, en el comedor, en el living, en su cuarto… Pero ahora, no están… ¿Cuándo las quitaron? ¿En qué momento las guardaron que yo no recuerdo? ¿Qué ha sucedido…?
¿Y los videos? ¿Aquellas cintas?
¿Esos álbumes de fotos? ¿Los recuerdos de su luna de miel?
Yo recuerdo haber visto todo eso alguna vez… aquellas imágenes, aquellos recuerdos, aquellos objetos que testifican un hecho del pasado que la memoria por su fragilidad puede olvidar o no recordar con tanto detalle… ¿Qué pasó con aquellas pruebas que también atestiguan que la luz una vez compartió el cielo con la oscuridad?
¿Qué demonios ha sucedido?
¡Tiene que haber una prueba en alguna parte! ¡Lo que sea! ¡Lo buscaré antes de que termine de enloquecer!
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lunes, 25 de octubre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - V



V





Aquella noche regresé a casa sin ningún problema, fue extraño, pero no me topé a nadie en la calle, ni siquiera encontré a alguien cuando entré en mi hogar. Sobre la mesa del comedor, mis padres me habían dejado una pequeña nota vistosa de color amarillo fluorescente, como obligándome a reparar en ella:


Querida Aurélie, te estuvimos esperando, pero como te has retrasado bastante hemos decidido salir a cenar a casa de tu tío son ti. Nos invitaron mientras estabas en clases, así que no te pudimos avisar con anticipación.
Compramos pan y tienes algunas cosas en el refrigerador que puedes calentar por si traes hambre.
Mamá & Papá


Si no estuviera acostumbrada a esto y si mis padres no fueran tan relajados como lo son, esto sería extraño para cualquier otra adolescente. “Si se atrasó debe ser por algo” y “si ha sucedido algo nos llamará”, eso debieron haber pensado ellos. Siempre habían intentado no entrometerse demasiado en mi vida, después de todo debo tener mi propio espacio, ¿no?
Arrugué la nota y la tiré al papelero. Mejor para mí, esta noche no tenía ganas de ver a nadie y menos de responder a las rutinarias preguntas de mi tío. ¿Qué tal el colegio? ¿Qué vas a estudiar cuando salgas? ¿Tienes novio? Un ambiente de conversación es lo que menos necesitaba en estos momentos, considerando cuál sería la primera pregunta que llegaría hasta mi cabeza. Pero es mi familia, ¿no? Quizá ellos me podrían haber dado una respuesta…
Abro el refrigerador por pura manía, pues no me apetece comer nada. Es cierto, han preparado algunas cosas para que cene. ¿Se sentirán mal si las dejo tal cual?, ¿sin probar? ¡Al diablo! Mi organismo no se siente en las mejores condiciones como para digerir comida… si con suerte he podido digerir aquella situación… Sarah…
Me quito los zapatos antes de subir por las escaleras en dirección a mi cuarto –es una costumbre en mi hogar–. La madera crepita, quejándose a cada paso que doy –¡ya ven!, estoy demasiado gorda como para seguirme alimentando–, el bolso lo llevo a rastras y choca a cada cierto tiempo con mi pierna izquierda que se queda retrasada, esperando su turno para subir. Doblo a la derecha y camino por el breve pasillo hasta llegar a la puerta de mi habitación, giro la perilla mientras que con la mirada distraída observo el cartel que una vez pegué cuando chica: SOLO PERSONAL AUTORIZADO. No lo podía haber escogido mejor, en este momento no estaba de ánimos como para que me molestaran.
Encendí la luz y cerré la puerta con pestillo tras de mí. El bolso lo dejé ahí, tirado en alguna parte cerca de la entrada. Me quité la odiosa corbata, desabotoné la inmaculada blusa blanca y la colgué con cuidado en el respaldo de la silla del escritorio. Desabroché la falda y la lancé a algún sitio, creo que cayó sobre el notebook. Abrí la cama y saqué el pijama debajo de mi almohada, me lo coloqué con presteza y me acurruqué entre las sábanas. Con un movimiento rápido apagué el interruptor sobre mi cabeza. ¿Qué hora era? No tenía idea. ¿Me habían dado tarea en el colegio? No me interesaba. ¿Había programado la alarma? Me tenía sin cuidado. Ahora lo único que quería hacer era ausentarme de este mundo que no alcanzaba a comprender, aunque irónicamente eso significaba sumirme en la más profunda oscuridad. ¿Será que ella me persigue?




Creo que aquella noche soñé. Las imágenes se me presentaban borrosas, pero estoy segura de haber reconocido a Sarah. Ella estaba junto a un chico que nunca en mi vida había visto, llevaba un traje elegante, como de etiqueta. Él le hablaba, creo, y Sarah lloraba, desde mi posición podía reconocer las pequeñas lágrimas recorrer su rostro. Él sonreía, parecía disfrutar de su sufrimiento. Lo siguiente me pareció absurdo, pero de igual manera me dejó perpleja, con un solo movimiento de su mano, consiguió que ella se postrara a sus pies y, agachando su cabeza, le besara los zapatos. Yo me encontraba perdida, observando a Sarah realizar dócilmente aquel acto, que no percaté, si no hasta que lo volví a mirar, que él me observaba fijamente, mientras sus labios me decían algo que mis oídos no alcanzaron a escuchar. Luego, todo se esfumó rápidamente, dando paso nuevamente a la oscuridad. Había abierto los ojos y lo único que escuchaba eran los gritos de mi madre que me recordaba que me había quedado dormida.
Esta vez no me interesaba si llegaba con retraso, pero debía tomar un buen baño para refrescar mi cabeza.




En el colegio, antes de que empezara la primera hora, la profesora de Biología hizo pasar a un nuevo chico que había sido transferido desde otra escuela. Yo lo reconocí, era el mismo que había visto en mis sueños, solo que esta vez llevaba uniforme, como nosotros. Nuestras miradas se cruzaron por un segundo y él me sonrió… Supongo que eso hubiese ocurrido si se tratara de una de esas escasas novelas que he terminado de leer, pero no… Al parecer realmente me encuentro en la realidad y esas cosas no suelen ocurrir con tanta facilidad. Si fuera así, habría encontrado algún significado –si es que lo tiene– para aquel sueño… o pesadilla.
Sin lugar a dudas, el día en el colegio pasó con normalidad –como cualquier otro–. Hoy tuvimos Educación Física, pero no hicimos nada que requiriera inhalar más oxígeno que de costumbre, ya que nos midieron y pesaron. Creo que he crecido dos centímetros más y al parecer estoy bien con los kilos que tengo, así que mejor no me preocupo más por eso.
Con respecto a Sarah… ella estaba bien, continuaba sonriendo y hablando como de costumbre, pero había una sola cosa diferente… ya no lo hacía conmigo. Es más, ni siquiera volvió a cruzar su mirada con la mía.
Por último me habría gustado preguntarle si había llorado la noche anterior…
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domingo, 26 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - IV



IV





Los focos iluminan nuestros pasos… realmente siempre lo han hecho y es la única forma en que conseguimos ver nuestras sombras. Si no fuera por ellos, podría hasta creer que había huido junto a la luz natural; pero no, sigue ahí, condenada, atada a mi cuerpo hasta que este desaparezca.
Llevamos caminando unos cuantos minutos, sin llegar aún a la bifurcación que desviará nuestros caminos. Conversamos… o sea, ella me habla, me cuenta cosas banales que han ocurrido en este último tiempo en su vida. No la culpo, son pocos los momentos que le entrego como para que me pueda relatar su día a día. Yo solo escucho y, cada cierto tiempo, asiento, como para que no vaya a creer que no la estoy escuchando. Bueno, la verdad dudo que sea necesario; ella habla y habla y cuando me mira no sé si realmente lo está haciendo o se encuentra perdida en alguno de los recuerdos que me intenta describir. Como sea, más vale prevenir que curar. Y no es que me guste herir los sentimientos de los demás.
–¡…y entonces imagínate la cara que puse yo…!
Asiento.
–¿Entonces…?
Vuelvo a asentir.
–Aurélie, ¿me estás escuchando?
Hago el mismo gesto. Ella se detiene.
–Chica, ¿qué te sucede?
Yo también me detengo y miro en su dirección.
–¿A qué te refieres? –pregunto sin comprender.
-O sea… te estoy contando algo serio e importante para mí, pero parece que no me haces caso –la molestia en su voz era evidente–. Es más, te acabo de hacer una pregunta y lo único que haces es mover la cabeza como tonta.
No sé qué responderle. Además, no es que pueda decirle de frentón que no me interesa lo que me dice, pues, como ya dije, no me gusta herir a la gente. Y ella es mi amiga, ¿no? Es decir, es importante, creo. Trato de decir algo convincente, pero mi cerebro no parece esmerarse mucho en preparar una frase elaborada:
–Lo… ¿siento? –¡ni siquiera muestro seguridad en lo que digo!
–Está bien… –dice aún con el ceño fruncido–. Pero será mejor que me cuentes qué te sucede antes de que vuelva a comenzar desde cero mi historia…
Nos quedamos mirando por unos instantes en absoluto silencio. Ella cruza los brazos, esperando que suelte alguna palabra que explique mi comportamiento. ¿Será este el momento? Mi corazón empieza a latir con más fuerzas, no pudiendo reprimir el ímpetu de mi deseo de encontrar una confirmación o, en último caso, saber la verdad. Las primeras palabras no salen, solo logro balbucear. Sarah me mira extrañada e incluso puedo notar levemente la impaciencia destellar en sus ojos. Trago saliva y muevo con irritación la cabeza intentando que mis neuronas se conecten y me ayuden a hilvanar una frase coherente y, más importante aún, audible.
–Oye, ¿te encuentras bien? –la voz preocupada de Sarah llega hasta mis oídos.
–Sí… –le indico, aún cuando ni yo misma sé si me encuentro en mis cabales. ¿Qué pensará ella cuando le pregunte algo tan, quizá, extraño?
–Pues, te escucho… –señala, ya sin cierta convicción.
No es momento para titubear de esta manera. Empuño mis manos con fuerza para reunir el valor necesario para mirarla a los ojos mientras realizo la ansiada pregunta. No puedo evitar el calor que enciende mi rostro.
–Sarah… –mientras pronuncio las palabras no puedo evitar reparar en la sorpresa y turbación que se dibuja en su rostro, mientras abre sus ojos de par en par– ¿qué piensas de esta oscuridad que se cierne sobre noso…?
No puedo terminar la pregunta, un estallido a mis espaldas me hace pegar un salto que me desconcentra completamente. Doy vuelta la cabeza para observar los trozos de cristal que caen del foco que se ha reventado. La luz aún parpadea unos instantes acompañada del chirrido de la corriente que poco a poco se va apagando. Finalmente aquel sector de la acera queda en la más absoluta penumbra, como si hubiera desaparecido ante mis ojos.
–Sarah… –exclamo mientras mi corazón intenta recuperar el aliento que el susto me había robado–. Sarah… –repito, posicionando nuevamente mis ojos en ella– ¿estás bien…? –la pregunta fue casi automática, pero no necesitaba una confirmación para darme cuenta que algo estaba sucediendo, su rostro sombrío y sin vida lo constataba–. ¿Qué sucede…? –quise saber.
–Nada –indicó con una voz seca–. Es… es… mejor que me vaya… –no pude dejar de preocuparme por el notorio temblor de su cuerpo.
–Pero…
–No te preocupes… –me señaló dibujando una temblorosa sonrisa–. Que tengas una buena noche…
Luego de aquello retornó en sus pasos, andando por el camino en que habíamos venido. Me hubiera gustado detenerla, pero era evidente que sería un esfuerzo inútil, si no habría optado por caminar junto a mí en silencio y no buscar otro camino que evitara mi presencia. ¿Qué había hecho?
Bajo la luz de unos faroles, Sarah detuvo los pasos y sin voltear la mirada me aconsejó con cierto miedo en la voz:
–No vuelvas a hacer preguntas innecesarias… –tras terminar, emprendió la carrera, intentando alejarse lo más rápido posible del lugar donde me había dejado.
No estoy segura, pero puede que haya pasado más de una hora antes de lograr recuperar el aplomo necesario para retomar el camino. Pero esta vez debía hacerlo sola, como siempre lo había hecho antes y como lo debería seguir haciendo desde ahora. ¿Es cierto que la curiosidad mató al gato? ¿Será acaso un pecado el querer acercarse a la verdad? Pero, si todos la saben, menos yo, ¿aún sigue contando como tal?
Esto solo seguía acrecentando mis ansias de saber la verdad tras la noche eterna que nos cubría. ¿Estaré haciendo algo indebido?




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jueves, 16 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - III





III



El día avanza como de costumbre y eso… me aburre. Todo siempre ha sido así: mis compañeros diciendo las mismas bromas, utilizando los mismos apodos y hablando de los mismos temas. Que la música, que la comedia, que el fútbol, que el reality, que el carrete, que el trago, que el pito, que el sexo… ¡Siempre lo mismo! ¡Ni siquiera el día en que la luz nos abandonó dejaron de hablar de esos temas! Y no son solo ellos; mis padres, los profesores, mis vecinos, en la televisión e incluso en facebook y twitter, no han hecho ningún comentario. ¿Es acaso normal esto? ¿Habrá algo que ignoro y todos los demás saben? ¿Me habré perdido de algo? Quizá también la culpa sea mía en cierto modo, porque nunca le he preguntado a nadie su opinión acerca de esto, ¿será que me basta con lo que ven mis ojos? ¡No! ¡Quiero saber la verdad! ¡Aunque tenga que realizar un curso intensivo de hackeo para rastrearla a través de la web! ¡Y aunque luego se rían de mí cuando la descubra –siendo algo que todos den por sentado y no sea necesario investigar– y resulte ser otra estrategia de los Estados Unidos para apoderarse del mundo –cosa que muchas veces he escuchado entre sus conversaciones sobre cualquier cosa negativa–!
El tiempo pasa y pasa, acercándome cada vez más al final del día. ¿De qué hablará aquel caballero de corbata allá adelante? ¿Qué ramo era? ¿Biología? ¿Filosofía? Ya no me consigo concentrar en nada… Vuelvo a mirar por la ventana, observando aquel cielo negro impenetrable que tanto me intriga. Ninguna luz, absolutamente nada. ¿Cómo será viajar en avión? ¿Qué verán las personas que lo hacen?, porque los aeropuertos siguen funcionando y los vuelos continúan su flujo normal, nada ha entorpecido su itinerario. Si tuviera dinero viajaría a cualquier parte, no importa que sea solo para cruzar la Cordillera, solo para intentar conocer un poco más esta situación. ¿Habrá alguna luz allá arriba? Y si la hay, ¿realmente será más brillante que la de aquellos focos que iluminan la multicancha de aquellos basquetbolistas aficionados? Ni siquiera me atrevería a hacer una comparación, porque ya no la recuerdo…
Levemente escucho sonar el timbre entre mis recuerdos.
¡El cine! ¡Es cierto, el cine! En las películas de antes deben existir algunas tomas del día, de las nubes, del Sol, de la Luna, las estrellas, de la luz natural… Creo que he visto algunas en la televisión… ¡Pero no es lo mismo! En el cine todo se ve tan irreal, tan falso… ¿Qué es la realidad y qué no lo es? ¿Y si yo misma estoy viviendo en una película?
–¡Aurélie!
¿Qué es real y qué no lo es? Creo que ya no lo puedo distinguir… Pero para los demás esta realidad es la real, la oscuridad es un hecho incuestionable… “¡Aurélie!” Pero para mí, ¿cuál es la realidad? ¿También esta? “¡Aurélie!” ¿Alguien me está llamando?
–¡Aurélie! –sí, alguien lo está haciendo, volteo la cabeza en su dirección–. Acá planeta Tierra llamando a Aurélie, por favor aterrice de sus sueños de una vez…
–Sarah… siempre tan chistosa, ¿qué sucede?
–¡Cómo que qué sucede! Hace más de 20 minutos que ha sonado el timbre y tú aún sigues aquí. ¿Acaso no planeas regresar a casa? ¿Tanto te gusta el colegio?
–¿Tanto tiempo ha pasado ya? –pregunto asombrada–. ¡No me había dado cuenta! –me pongo de pie y meto a la ligera mis cosas en la mochila.
–¡Ay, mujer! ¡Cada vez más despistada! –solo me limito a sonreír y asentir–. Si no fuera por mí quizás hasta podrías vivir en esta sala –supongo que ella tiene razón–. Agradéceme por haberme devuelto al darme cuenta que no habías salido con los demás.
–¡Gracias! –sé que eso solo alimentará su ego, pero es bueno saber que alguien se preocupa por uno.
Su sonrisa al escuchar mi agradecimiento es inevitable. Luego recupera la compostura y se aclara la garganta.
–¡Ya! ¡Basta de cháchara y apresúrate, que no quiero llegar tarde a casa! –vuelvo a asentir–. Me adelantaré por mientras, para que arregles las cosas “como la gente”…
Ella camina hacia la puerta, mientras yo me doy cuenta que mis cuadernos y libros han terminado en cualquier parte menos dentro de mi bolso. Creo que soy anormal y no como el resto de las mujeres, es decir, no puedo hacer más de dos cosas a la vez…
Sarah… es bueno tener una amiga, ¿no? Porque nosotras somos amigas, ¿cierto? Supongo que ella pensará como yo… “No quiero llegar tarde a casa”, sus palabras… pero, ¿cuál es la diferencia entre llegar temprano o tarde si la oscuridad sigue siendo la misma? Es igual de peligroso, ¿no? ¡Como sea! Al parecer esta vez no regresaré sola a casa…
Me detengo antes de cruzar la puerta, algo se me ha ocurrido. ¿Y si…? ¿Tal vez…? ¡No!, ¡no debo titubear! ¡Debo aprovechar esta oportunidad!
Con seguridad retomo la marcha. Sarah se encuentra allí sola, esperándome. Al verme, me insta a apurar el paso apuntando su pequeño reloj de pulsera.
Esta vez me atreveré a preguntar…




Dime, Sarah, ¿tú vez esta oscuridad con los mismos ojos que yo? ¿O será que tú también los tienes vendados como el resto de la gente?


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sábado, 11 de septiembre de 2010

Relato en cadena 2.0

Concurso Relato en cadena 2.0 del Ayuntamiento de Viladecans en España.
Aún no están los resultados, pero por lo menos han quedado dos capítulos míos, el 13 y el 17 (firmados con mi antiguo seudónimo, Beltenebros Vilamor).
Aquí tienen la recopilación con todos los capítulos seleccionados (lo saqué de la página oficial del concurso):

viernes, 10 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - II





II



Me desperté en cuanto la alarma consiguió arrancarme de mis sueños y fantasías –lo que nunca resulta sencillo–. Bostezando intenté apagar de un manotazo el irritante artefacto que no dejaba de sonar. ¡Sí!, aún me parecía molestoso que todas las mañanas me tuviera que despertar y de nada había servido que pudiera incorporarle un mp3 a elección como tono… el efecto era el mismo. En este último tiempo había aprendido a odiar muchas canciones que antes solían estar entre mis favoritas.
A duras penas conseguí ponerme en pie, batallando contra las sábanas y frazadas que atentaban con dejarme apresada hasta el final de los tiempos. Y no es que me hubiese desagradado la idea, pero los gritos de mi madre desde la habitación contigua no me habrían ayudado a recuperar el sueño. “¡Levántate de una buena vez, Aurélie y apaga esa payasada!” Bueno, no la culpo, después de escuchar ese conjunto de tarros sonando, dudo que ella pueda también volver a conciliar el sueño. ¿Será su manera de desquitarse?
Me cuesta creer que aquellas ocho sagradas horas de sueño hayan pasado así de rápido. ¿Realmente habré dormido? Miro de reojo la luz titilante del despertador para cerciorarme. En efecto, es la hora. Creo que no debería extrañarme, aun debo estar bajo los efectos post-vacaciones; acostumbrada a acostarme taaaarde y levantarme igual de tarde y, por ello, ahora no consigo quedarme dormida cuando debería. ¿Hasta qué hora habré estado dándome vueltas en la cama antes de perder la conciencia? ¡Pero ya está, no hay nada más que hacer! Es hora de prepararse para ir al liceo. ¡Pero no tengo ánimos! –la verdad es que nunca los he tenido–, me siento sin energías, mis párpados se niegan a mantenerse abiertos… Necesito algo de vitalidad, algo que me refresque y me dé ánimos para comenzar el día. Descorro con presteza la cortina, deseosa de que aquellos cálidos rayos de luz bañen mi rostro… ¡pero no los encuentro! ¡Todo sigue tan oscuro como la última vez que miré a través de la ventana! A estas alturas suena estúpido –e incluso casi cómico–, pero aún guardo la esperanza de recordar cómo era el día… cómo era un día soleado e iluminado…
Decepcionada, enciendo la lámpara del comodín sin quitar la vista del exterior, entonces pego un salto al ver aquello mirándome de frente. ¡Todos los días me pasa! ¡Todos los días lo veo! Es inevitable, aunque quiera, no puedo llegar y ocultarlo en algún cajón y luego cambiarlo. ¡Es lo que hay y lo que ahora tengo! Me acerco un poco más para apreciar mi pálido reflejo con los restos de maquillaje que olvidé quitarme la noche anterior. Creo que debería empezar pronto con eso si no quiero llegar tarde a clases, ¡y no es que a la profesora de inglés le guste mucho que la interrumpa mientras intenta explicarle a mis compañeros lo mismo que nos enseña año tras año! –¿Será lo único que conoce? ¡Y así esperan que seamos bilingües!–. Y tampoco puedo partir sin bañarme… aunque siempre puede haber una excepción… ¿será el momento de aplicar las artes francesas? ¿Mucho perfume? ¿Faire la toilette?

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jueves, 9 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - I



I


No podría precisar cuándo fue que comenzó todo esto, pero sé que cuando alcé la mirada para buscar el firmamento, no lo hallé, es más, ya no lo recordaba.
Todas las luces del cielo habían desaparecido, sin discriminación, sumiéndonos en la más completa oscuridad. ¿Cuánto tiempo hará que ya no veo el color de las flores germinar en primavera? Si pudiera, intentaría repasar los días en mi memoria o contarlos con mis dedos, pero ni aún así me atrevería a dar una fecha aproximada.
Todo ocurrió tan de prisa, en un solo instante, que estoy segura de que nadie consiguió darse cuenta del cambio; a la hora en que nos acordamos de mirar hacia arriba –o a nuestro alrededor– ya era demasiado tarde, ya todo había cambiado, robándonos la luz del mañana, aquella luminosidad que de vez en cuando nos recuerda que aún podemos tener un futuro.
Resulta extraño y, a la vez, contradictorio, y es que todo ha cambiado, pero a la vez se ha mantenido igual que antes. La naturaleza sigue su curso, sin detenerse frente a esta anomalía inesperada: la lluvia continúa cayendo, nutriendo el seno de la tierra; la nieve sigue intentando cautivar al mundo entero con su magia blanca; los árboles y las flores siguen creciendo, tal como lo hacían cuando los rayos solares bañaban nuestros prados; la gente sigue viviendo su vida como lo habían hecho antes de mirar al cielo y percatarse de lo que estaba ocurriendo.
Pero esto está mal, sé que lo está. Las cosas no pueden seguir tal como antes, por último deberíamos reparar en esta alteración y tratar de comprender qué es lo que está sucediendo. Pues, aunque la lluvia continúe mojándonos, no consigo ver la bóveda grisácea que me ayudaba a revivir innumerables momentos olvidados –tanto buenos como malos–; aunque la nieve continúe sepultándonos, no puedo apreciar su hermoso brillo sin la luz de la Luna; aunque la naturaleza siga floreciendo, no logro reconocer las diferencias entre las tonalidades en primavera. ¿Qué pasó con el arcoíris que conseguía sacarnos más de una sonrisa infantil? Ya todo aquello no es más que parte del pasado…
¡Pero yo no quiero que esto siga sucediendo! Me gustaría recobrar todo aquello que hemos olvidado o perdido o por lo menos saber por qué nos lo han quitado. ¿Seré la única en pensar y desear esto?
En mi cabeza solo encuentro dudas, miles de preguntas que se cruzan y me enloquecen. Aquellos días de normalidad se ven como imágenes lejanas, borrosas, apenas distinguibles. ¿Y si aquello nunca fue la realidad? ¿Y si aquel pasado nunca existió? Quizá nunca hubo una luz en mi vida y al nacer lo único que conocí fue la oscuridad.