domingo, 26 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - IV



IV





Los focos iluminan nuestros pasos… realmente siempre lo han hecho y es la única forma en que conseguimos ver nuestras sombras. Si no fuera por ellos, podría hasta creer que había huido junto a la luz natural; pero no, sigue ahí, condenada, atada a mi cuerpo hasta que este desaparezca.
Llevamos caminando unos cuantos minutos, sin llegar aún a la bifurcación que desviará nuestros caminos. Conversamos… o sea, ella me habla, me cuenta cosas banales que han ocurrido en este último tiempo en su vida. No la culpo, son pocos los momentos que le entrego como para que me pueda relatar su día a día. Yo solo escucho y, cada cierto tiempo, asiento, como para que no vaya a creer que no la estoy escuchando. Bueno, la verdad dudo que sea necesario; ella habla y habla y cuando me mira no sé si realmente lo está haciendo o se encuentra perdida en alguno de los recuerdos que me intenta describir. Como sea, más vale prevenir que curar. Y no es que me guste herir los sentimientos de los demás.
–¡…y entonces imagínate la cara que puse yo…!
Asiento.
–¿Entonces…?
Vuelvo a asentir.
–Aurélie, ¿me estás escuchando?
Hago el mismo gesto. Ella se detiene.
–Chica, ¿qué te sucede?
Yo también me detengo y miro en su dirección.
–¿A qué te refieres? –pregunto sin comprender.
-O sea… te estoy contando algo serio e importante para mí, pero parece que no me haces caso –la molestia en su voz era evidente–. Es más, te acabo de hacer una pregunta y lo único que haces es mover la cabeza como tonta.
No sé qué responderle. Además, no es que pueda decirle de frentón que no me interesa lo que me dice, pues, como ya dije, no me gusta herir a la gente. Y ella es mi amiga, ¿no? Es decir, es importante, creo. Trato de decir algo convincente, pero mi cerebro no parece esmerarse mucho en preparar una frase elaborada:
–Lo… ¿siento? –¡ni siquiera muestro seguridad en lo que digo!
–Está bien… –dice aún con el ceño fruncido–. Pero será mejor que me cuentes qué te sucede antes de que vuelva a comenzar desde cero mi historia…
Nos quedamos mirando por unos instantes en absoluto silencio. Ella cruza los brazos, esperando que suelte alguna palabra que explique mi comportamiento. ¿Será este el momento? Mi corazón empieza a latir con más fuerzas, no pudiendo reprimir el ímpetu de mi deseo de encontrar una confirmación o, en último caso, saber la verdad. Las primeras palabras no salen, solo logro balbucear. Sarah me mira extrañada e incluso puedo notar levemente la impaciencia destellar en sus ojos. Trago saliva y muevo con irritación la cabeza intentando que mis neuronas se conecten y me ayuden a hilvanar una frase coherente y, más importante aún, audible.
–Oye, ¿te encuentras bien? –la voz preocupada de Sarah llega hasta mis oídos.
–Sí… –le indico, aún cuando ni yo misma sé si me encuentro en mis cabales. ¿Qué pensará ella cuando le pregunte algo tan, quizá, extraño?
–Pues, te escucho… –señala, ya sin cierta convicción.
No es momento para titubear de esta manera. Empuño mis manos con fuerza para reunir el valor necesario para mirarla a los ojos mientras realizo la ansiada pregunta. No puedo evitar el calor que enciende mi rostro.
–Sarah… –mientras pronuncio las palabras no puedo evitar reparar en la sorpresa y turbación que se dibuja en su rostro, mientras abre sus ojos de par en par– ¿qué piensas de esta oscuridad que se cierne sobre noso…?
No puedo terminar la pregunta, un estallido a mis espaldas me hace pegar un salto que me desconcentra completamente. Doy vuelta la cabeza para observar los trozos de cristal que caen del foco que se ha reventado. La luz aún parpadea unos instantes acompañada del chirrido de la corriente que poco a poco se va apagando. Finalmente aquel sector de la acera queda en la más absoluta penumbra, como si hubiera desaparecido ante mis ojos.
–Sarah… –exclamo mientras mi corazón intenta recuperar el aliento que el susto me había robado–. Sarah… –repito, posicionando nuevamente mis ojos en ella– ¿estás bien…? –la pregunta fue casi automática, pero no necesitaba una confirmación para darme cuenta que algo estaba sucediendo, su rostro sombrío y sin vida lo constataba–. ¿Qué sucede…? –quise saber.
–Nada –indicó con una voz seca–. Es… es… mejor que me vaya… –no pude dejar de preocuparme por el notorio temblor de su cuerpo.
–Pero…
–No te preocupes… –me señaló dibujando una temblorosa sonrisa–. Que tengas una buena noche…
Luego de aquello retornó en sus pasos, andando por el camino en que habíamos venido. Me hubiera gustado detenerla, pero era evidente que sería un esfuerzo inútil, si no habría optado por caminar junto a mí en silencio y no buscar otro camino que evitara mi presencia. ¿Qué había hecho?
Bajo la luz de unos faroles, Sarah detuvo los pasos y sin voltear la mirada me aconsejó con cierto miedo en la voz:
–No vuelvas a hacer preguntas innecesarias… –tras terminar, emprendió la carrera, intentando alejarse lo más rápido posible del lugar donde me había dejado.
No estoy segura, pero puede que haya pasado más de una hora antes de lograr recuperar el aplomo necesario para retomar el camino. Pero esta vez debía hacerlo sola, como siempre lo había hecho antes y como lo debería seguir haciendo desde ahora. ¿Es cierto que la curiosidad mató al gato? ¿Será acaso un pecado el querer acercarse a la verdad? Pero, si todos la saben, menos yo, ¿aún sigue contando como tal?
Esto solo seguía acrecentando mis ansias de saber la verdad tras la noche eterna que nos cubría. ¿Estaré haciendo algo indebido?




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jueves, 16 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - III





III



El día avanza como de costumbre y eso… me aburre. Todo siempre ha sido así: mis compañeros diciendo las mismas bromas, utilizando los mismos apodos y hablando de los mismos temas. Que la música, que la comedia, que el fútbol, que el reality, que el carrete, que el trago, que el pito, que el sexo… ¡Siempre lo mismo! ¡Ni siquiera el día en que la luz nos abandonó dejaron de hablar de esos temas! Y no son solo ellos; mis padres, los profesores, mis vecinos, en la televisión e incluso en facebook y twitter, no han hecho ningún comentario. ¿Es acaso normal esto? ¿Habrá algo que ignoro y todos los demás saben? ¿Me habré perdido de algo? Quizá también la culpa sea mía en cierto modo, porque nunca le he preguntado a nadie su opinión acerca de esto, ¿será que me basta con lo que ven mis ojos? ¡No! ¡Quiero saber la verdad! ¡Aunque tenga que realizar un curso intensivo de hackeo para rastrearla a través de la web! ¡Y aunque luego se rían de mí cuando la descubra –siendo algo que todos den por sentado y no sea necesario investigar– y resulte ser otra estrategia de los Estados Unidos para apoderarse del mundo –cosa que muchas veces he escuchado entre sus conversaciones sobre cualquier cosa negativa–!
El tiempo pasa y pasa, acercándome cada vez más al final del día. ¿De qué hablará aquel caballero de corbata allá adelante? ¿Qué ramo era? ¿Biología? ¿Filosofía? Ya no me consigo concentrar en nada… Vuelvo a mirar por la ventana, observando aquel cielo negro impenetrable que tanto me intriga. Ninguna luz, absolutamente nada. ¿Cómo será viajar en avión? ¿Qué verán las personas que lo hacen?, porque los aeropuertos siguen funcionando y los vuelos continúan su flujo normal, nada ha entorpecido su itinerario. Si tuviera dinero viajaría a cualquier parte, no importa que sea solo para cruzar la Cordillera, solo para intentar conocer un poco más esta situación. ¿Habrá alguna luz allá arriba? Y si la hay, ¿realmente será más brillante que la de aquellos focos que iluminan la multicancha de aquellos basquetbolistas aficionados? Ni siquiera me atrevería a hacer una comparación, porque ya no la recuerdo…
Levemente escucho sonar el timbre entre mis recuerdos.
¡El cine! ¡Es cierto, el cine! En las películas de antes deben existir algunas tomas del día, de las nubes, del Sol, de la Luna, las estrellas, de la luz natural… Creo que he visto algunas en la televisión… ¡Pero no es lo mismo! En el cine todo se ve tan irreal, tan falso… ¿Qué es la realidad y qué no lo es? ¿Y si yo misma estoy viviendo en una película?
–¡Aurélie!
¿Qué es real y qué no lo es? Creo que ya no lo puedo distinguir… Pero para los demás esta realidad es la real, la oscuridad es un hecho incuestionable… “¡Aurélie!” Pero para mí, ¿cuál es la realidad? ¿También esta? “¡Aurélie!” ¿Alguien me está llamando?
–¡Aurélie! –sí, alguien lo está haciendo, volteo la cabeza en su dirección–. Acá planeta Tierra llamando a Aurélie, por favor aterrice de sus sueños de una vez…
–Sarah… siempre tan chistosa, ¿qué sucede?
–¡Cómo que qué sucede! Hace más de 20 minutos que ha sonado el timbre y tú aún sigues aquí. ¿Acaso no planeas regresar a casa? ¿Tanto te gusta el colegio?
–¿Tanto tiempo ha pasado ya? –pregunto asombrada–. ¡No me había dado cuenta! –me pongo de pie y meto a la ligera mis cosas en la mochila.
–¡Ay, mujer! ¡Cada vez más despistada! –solo me limito a sonreír y asentir–. Si no fuera por mí quizás hasta podrías vivir en esta sala –supongo que ella tiene razón–. Agradéceme por haberme devuelto al darme cuenta que no habías salido con los demás.
–¡Gracias! –sé que eso solo alimentará su ego, pero es bueno saber que alguien se preocupa por uno.
Su sonrisa al escuchar mi agradecimiento es inevitable. Luego recupera la compostura y se aclara la garganta.
–¡Ya! ¡Basta de cháchara y apresúrate, que no quiero llegar tarde a casa! –vuelvo a asentir–. Me adelantaré por mientras, para que arregles las cosas “como la gente”…
Ella camina hacia la puerta, mientras yo me doy cuenta que mis cuadernos y libros han terminado en cualquier parte menos dentro de mi bolso. Creo que soy anormal y no como el resto de las mujeres, es decir, no puedo hacer más de dos cosas a la vez…
Sarah… es bueno tener una amiga, ¿no? Porque nosotras somos amigas, ¿cierto? Supongo que ella pensará como yo… “No quiero llegar tarde a casa”, sus palabras… pero, ¿cuál es la diferencia entre llegar temprano o tarde si la oscuridad sigue siendo la misma? Es igual de peligroso, ¿no? ¡Como sea! Al parecer esta vez no regresaré sola a casa…
Me detengo antes de cruzar la puerta, algo se me ha ocurrido. ¿Y si…? ¿Tal vez…? ¡No!, ¡no debo titubear! ¡Debo aprovechar esta oportunidad!
Con seguridad retomo la marcha. Sarah se encuentra allí sola, esperándome. Al verme, me insta a apurar el paso apuntando su pequeño reloj de pulsera.
Esta vez me atreveré a preguntar…




Dime, Sarah, ¿tú vez esta oscuridad con los mismos ojos que yo? ¿O será que tú también los tienes vendados como el resto de la gente?


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sábado, 11 de septiembre de 2010

Relato en cadena 2.0

Concurso Relato en cadena 2.0 del Ayuntamiento de Viladecans en España.
Aún no están los resultados, pero por lo menos han quedado dos capítulos míos, el 13 y el 17 (firmados con mi antiguo seudónimo, Beltenebros Vilamor).
Aquí tienen la recopilación con todos los capítulos seleccionados (lo saqué de la página oficial del concurso):

viernes, 10 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - II





II



Me desperté en cuanto la alarma consiguió arrancarme de mis sueños y fantasías –lo que nunca resulta sencillo–. Bostezando intenté apagar de un manotazo el irritante artefacto que no dejaba de sonar. ¡Sí!, aún me parecía molestoso que todas las mañanas me tuviera que despertar y de nada había servido que pudiera incorporarle un mp3 a elección como tono… el efecto era el mismo. En este último tiempo había aprendido a odiar muchas canciones que antes solían estar entre mis favoritas.
A duras penas conseguí ponerme en pie, batallando contra las sábanas y frazadas que atentaban con dejarme apresada hasta el final de los tiempos. Y no es que me hubiese desagradado la idea, pero los gritos de mi madre desde la habitación contigua no me habrían ayudado a recuperar el sueño. “¡Levántate de una buena vez, Aurélie y apaga esa payasada!” Bueno, no la culpo, después de escuchar ese conjunto de tarros sonando, dudo que ella pueda también volver a conciliar el sueño. ¿Será su manera de desquitarse?
Me cuesta creer que aquellas ocho sagradas horas de sueño hayan pasado así de rápido. ¿Realmente habré dormido? Miro de reojo la luz titilante del despertador para cerciorarme. En efecto, es la hora. Creo que no debería extrañarme, aun debo estar bajo los efectos post-vacaciones; acostumbrada a acostarme taaaarde y levantarme igual de tarde y, por ello, ahora no consigo quedarme dormida cuando debería. ¿Hasta qué hora habré estado dándome vueltas en la cama antes de perder la conciencia? ¡Pero ya está, no hay nada más que hacer! Es hora de prepararse para ir al liceo. ¡Pero no tengo ánimos! –la verdad es que nunca los he tenido–, me siento sin energías, mis párpados se niegan a mantenerse abiertos… Necesito algo de vitalidad, algo que me refresque y me dé ánimos para comenzar el día. Descorro con presteza la cortina, deseosa de que aquellos cálidos rayos de luz bañen mi rostro… ¡pero no los encuentro! ¡Todo sigue tan oscuro como la última vez que miré a través de la ventana! A estas alturas suena estúpido –e incluso casi cómico–, pero aún guardo la esperanza de recordar cómo era el día… cómo era un día soleado e iluminado…
Decepcionada, enciendo la lámpara del comodín sin quitar la vista del exterior, entonces pego un salto al ver aquello mirándome de frente. ¡Todos los días me pasa! ¡Todos los días lo veo! Es inevitable, aunque quiera, no puedo llegar y ocultarlo en algún cajón y luego cambiarlo. ¡Es lo que hay y lo que ahora tengo! Me acerco un poco más para apreciar mi pálido reflejo con los restos de maquillaje que olvidé quitarme la noche anterior. Creo que debería empezar pronto con eso si no quiero llegar tarde a clases, ¡y no es que a la profesora de inglés le guste mucho que la interrumpa mientras intenta explicarle a mis compañeros lo mismo que nos enseña año tras año! –¿Será lo único que conoce? ¡Y así esperan que seamos bilingües!–. Y tampoco puedo partir sin bañarme… aunque siempre puede haber una excepción… ¿será el momento de aplicar las artes francesas? ¿Mucho perfume? ¿Faire la toilette?

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jueves, 9 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - I



I


No podría precisar cuándo fue que comenzó todo esto, pero sé que cuando alcé la mirada para buscar el firmamento, no lo hallé, es más, ya no lo recordaba.
Todas las luces del cielo habían desaparecido, sin discriminación, sumiéndonos en la más completa oscuridad. ¿Cuánto tiempo hará que ya no veo el color de las flores germinar en primavera? Si pudiera, intentaría repasar los días en mi memoria o contarlos con mis dedos, pero ni aún así me atrevería a dar una fecha aproximada.
Todo ocurrió tan de prisa, en un solo instante, que estoy segura de que nadie consiguió darse cuenta del cambio; a la hora en que nos acordamos de mirar hacia arriba –o a nuestro alrededor– ya era demasiado tarde, ya todo había cambiado, robándonos la luz del mañana, aquella luminosidad que de vez en cuando nos recuerda que aún podemos tener un futuro.
Resulta extraño y, a la vez, contradictorio, y es que todo ha cambiado, pero a la vez se ha mantenido igual que antes. La naturaleza sigue su curso, sin detenerse frente a esta anomalía inesperada: la lluvia continúa cayendo, nutriendo el seno de la tierra; la nieve sigue intentando cautivar al mundo entero con su magia blanca; los árboles y las flores siguen creciendo, tal como lo hacían cuando los rayos solares bañaban nuestros prados; la gente sigue viviendo su vida como lo habían hecho antes de mirar al cielo y percatarse de lo que estaba ocurriendo.
Pero esto está mal, sé que lo está. Las cosas no pueden seguir tal como antes, por último deberíamos reparar en esta alteración y tratar de comprender qué es lo que está sucediendo. Pues, aunque la lluvia continúe mojándonos, no consigo ver la bóveda grisácea que me ayudaba a revivir innumerables momentos olvidados –tanto buenos como malos–; aunque la nieve continúe sepultándonos, no puedo apreciar su hermoso brillo sin la luz de la Luna; aunque la naturaleza siga floreciendo, no logro reconocer las diferencias entre las tonalidades en primavera. ¿Qué pasó con el arcoíris que conseguía sacarnos más de una sonrisa infantil? Ya todo aquello no es más que parte del pasado…
¡Pero yo no quiero que esto siga sucediendo! Me gustaría recobrar todo aquello que hemos olvidado o perdido o por lo menos saber por qué nos lo han quitado. ¿Seré la única en pensar y desear esto?
En mi cabeza solo encuentro dudas, miles de preguntas que se cruzan y me enloquecen. Aquellos días de normalidad se ven como imágenes lejanas, borrosas, apenas distinguibles. ¿Y si aquello nunca fue la realidad? ¿Y si aquel pasado nunca existió? Quizá nunca hubo una luz en mi vida y al nacer lo único que conocí fue la oscuridad.