jueves, 9 de septiembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - I



I


No podría precisar cuándo fue que comenzó todo esto, pero sé que cuando alcé la mirada para buscar el firmamento, no lo hallé, es más, ya no lo recordaba.
Todas las luces del cielo habían desaparecido, sin discriminación, sumiéndonos en la más completa oscuridad. ¿Cuánto tiempo hará que ya no veo el color de las flores germinar en primavera? Si pudiera, intentaría repasar los días en mi memoria o contarlos con mis dedos, pero ni aún así me atrevería a dar una fecha aproximada.
Todo ocurrió tan de prisa, en un solo instante, que estoy segura de que nadie consiguió darse cuenta del cambio; a la hora en que nos acordamos de mirar hacia arriba –o a nuestro alrededor– ya era demasiado tarde, ya todo había cambiado, robándonos la luz del mañana, aquella luminosidad que de vez en cuando nos recuerda que aún podemos tener un futuro.
Resulta extraño y, a la vez, contradictorio, y es que todo ha cambiado, pero a la vez se ha mantenido igual que antes. La naturaleza sigue su curso, sin detenerse frente a esta anomalía inesperada: la lluvia continúa cayendo, nutriendo el seno de la tierra; la nieve sigue intentando cautivar al mundo entero con su magia blanca; los árboles y las flores siguen creciendo, tal como lo hacían cuando los rayos solares bañaban nuestros prados; la gente sigue viviendo su vida como lo habían hecho antes de mirar al cielo y percatarse de lo que estaba ocurriendo.
Pero esto está mal, sé que lo está. Las cosas no pueden seguir tal como antes, por último deberíamos reparar en esta alteración y tratar de comprender qué es lo que está sucediendo. Pues, aunque la lluvia continúe mojándonos, no consigo ver la bóveda grisácea que me ayudaba a revivir innumerables momentos olvidados –tanto buenos como malos–; aunque la nieve continúe sepultándonos, no puedo apreciar su hermoso brillo sin la luz de la Luna; aunque la naturaleza siga floreciendo, no logro reconocer las diferencias entre las tonalidades en primavera. ¿Qué pasó con el arcoíris que conseguía sacarnos más de una sonrisa infantil? Ya todo aquello no es más que parte del pasado…
¡Pero yo no quiero que esto siga sucediendo! Me gustaría recobrar todo aquello que hemos olvidado o perdido o por lo menos saber por qué nos lo han quitado. ¿Seré la única en pensar y desear esto?
En mi cabeza solo encuentro dudas, miles de preguntas que se cruzan y me enloquecen. Aquellos días de normalidad se ven como imágenes lejanas, borrosas, apenas distinguibles. ¿Y si aquello nunca fue la realidad? ¿Y si aquel pasado nunca existió? Quizá nunca hubo una luz en mi vida y al nacer lo único que conocí fue la oscuridad.

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