sábado, 25 de diciembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - VII (2)



VII





Me detengo justo antes de volver a entrar a mi cuarto. Empuño con fuerza mis manos y dejo que mis dientes chirreen mientras intento vencerme a mí misma… dejar de lado lo que creo correcto y cumplir la voluntad de aquello desconocido. Cuando he conseguido autoconvencerme, levanto la cabeza y grito el pacto a todo pulmón, intentando encontrar una respuesta:
¡¡¡Prometo no volver a buscar la verdad, si con eso consigo que me devuelvas a mis padres!!!
No puedo evitar que unas lágrimas de frustración rueden por mis pómulos, mientras agacho la cabeza. Entonces… encuentro la respuesta a mis pies.
Me acuclillo frente a la entrada de mi habitación y cojo con ambas manos el trozo de papel que debió estar bajo la puerta. Enjugo las lágrimas que distorsionan mi visión para poder leer las palabras de la nota. Mi corazón no deja de latir.


Cariño, mañana saldremos temprano con tu padre, una amiga nos pasará a recoger, quiere que le ayudemos a escoger un regalo para su novio. Ellos son buenos amigos nuestros, así que hemos decidido ayudarle.
Nos telefoneó anoche y no te pudimos decir, porque no queríamos despertarte ya que habías apagado temprano la luz de tu habitación.
¡Esperamos que no te quedes dormida y vayas a clases!
Mamá & Papá


Así que se trataba de eso… cuando terminé de leer pude volver a respirar aliviada. –Ellos y sus papelitos… ¡siempre me hacen lo mismo!–. Arrugue la nota y me puse de pie, mientras lo hacía no pude evitar ruborizarme mientras recordaba lo que había hecho hace unos instantes –sé que nadie lo había visto, pero es una reacción incontrolable–. Verdaderamente todo esto me estaba volviendo loca… Si bien es un hecho irrefutable que el cielo se ha oscurecido por completo, he empezado a delirar con conspiraciones en mi contra… debo tener demasiada imaginación… Será mejor que me termine de arreglar –aunque no podré evitar llegar con retraso. Bueno, ¡que me pierda una latera clase de Cultura Religiosa no me vendrá nada de mal!–. Ya en algún momento les preguntaré a mis padres que está sucediendo, por hoy ya han sido demasiadas emociones… ¡Sí!, otro día les preguntaré… todo esto tiene que tener una explicación lógica… ¿algún fenómeno natural, tal vez? Nada de conspiraciones… nada más de eso…
Es cierto que me sentía aliviada, pero mi cuerpo no dejaba de temblar. Me di cuenta de ello mientras caminaba hasta mi cama. Todavía sostenía con fuerza el papel arrugado en mi diestra. Aún cuando había decidido en dejar de pensar en conspiraciones, había algo que no me dejaba de molestar… ¿por qué todos me lo ocultan? ¿Por qué…?


Antes de salir de la casa rumbo al colegio, me acerqué al papelero de la cocina para tirar el pequeño papel. ¿Por qué lo había dejado hasta el final? Mi mano no dejó de tiritar mientras intentaba deshacerme de él. ¿Qué estaba pensando? ¿Qué cosas estaban pasando por mi cabeza? ¡Claro que lo sabía!, pero no me atrevía a admitirlo… era una posibilidad, una pequeña posibilidad y me aterraba creer que fuera cierta…
¿Y si este papel apareció justo después de elevar mi suplica?
¡No!, ¡eso no puede caber como una posibilidad!, me dije, dejando caer la nota para que se acomodara junto a los demás desechos. ¡Es solo una casualidad!, una mera coincidencia… una muy aterradora, me atrevería a decir…
¿Será que ya me he terminado de volver completamente loca?, me pregunté mientras cerraba la puerta tras de mí, internándome en aquella oscuridad que poco a poco me llamaba a caer en sus brazos demenciales. ¿Acaso la noche puede enloquecer, aún cuando la Luna no se encuentre presente en ella?


Quizá solo debería dejar de ser tan distraída…
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