sábado, 25 de diciembre de 2010

Esa oscuridad sobre nosotros - VII (1)



VII





Como todas las mañanas, desperté con el sonido de la alarma. ¿Qué era esta vez? Ni siquiera pude identificar la melodía de esta vez –semana a semana la cambiaba–, mi cabeza estaba en cualquier lado, menos donde yo me encontraba. ¡Ni siquiera recuerdo haberla cambiado anoche! Pero eso en este momento no me importaba, había otra cosa que misteriosamente me estaba molestando. Algo que esta vez no había ocurrido.
La casa estaba demasiado silenciosa, tan solo podía escuchar el sonido que mis pies hacían al intentar seguir el ritmo de mis acciones. No sé por qué me apuraba; esta vez estaba bien en la hora.
El agua de la ducha terminó de limpiar los restos de somnolencia que aún quedaban impregnados en mi rostro, lo cual me ayudó a ver las cosas con mayor claridad y a pensar en aquellos que me estaba molestando. ¿Qué faltaba?
Inconscientemente mi mente empezó a recorrer lugares que yo no le había demandado. En mi cabeza fluyeron las imágenes de lo último que había acontecido en mi vida, al igual que el conjunto de pensamientos desordenados que aún seguían sin tener una coherencia exacta. Todo, realmente todo volvió a resonar en mi cabeza, hasta lo ocurrido la noche anterior…
La noche anterior…
¡Mis padres!
¡La voz de mi madre! ¡Eso es lo que falta! Su voz se dejaba oír inmediatamente después de que empezaba la música del despertador… pero, esta vez, no había oído nada. Es más, no había percibido ningún sonido que proviniera de su habitación –¡ni siquiera el ronquido de mi padre que se deja oír por toda la casa!–.
Rápidamente corté el flujo de agua y salí disparada de la ducha, intentando, en lo posible, no resbalar en el camino, tomé la toalla que estaba colgada en el perchero de la puerta, antes de abrirla. A medio camino de llegar a su habitación, conseguí cubrirme con el gran pedazo de tela celeste –no es que me preocupe que mis padres me vean desnuda, pero uno, a esta edad, ya tiene cierta dignidad–. Olvidando mis buenos modales, abrí la puerta sin más, cargando mi cuerpo contra ella, para que la acción fuera más rápida. Intenté recuperar el aliento, parada bajo el umbral, pero era inútil, mi corazón se volvió a acelerar al comprobar que la pieza estaba vacía y la gran cama, intacta, sin señales de que hubieran dormido aquí anoche. ¡Pero eso no podía ser!, ¡si yo misma los vi ayer!, ¡estaban en casa!, ¡incluso cené con ellos antes de encerrarme en mi habitación! ¡¿Qué está sucediendo?!
Presurosa, bajé las escaleras de un vuelo, esperando encontrarlos abajo, ya sea en la cocina, en el living, en el comedor o en el otro baño… ¡Pero nada! ¡No estaban! ¿Acaso esto era mi culpa? Pero no… esto me parece demasiado irreal… ¡Justo cuando había pensado en preguntarles directamente a ellos qué estaba sucediendo, desaparecen! ¡Sin más!, ¡llegan y desaparecen! ¿Este es otro tipo de castigo por querer saber la verdad? Primero fue Sarah, que me dio la espalda, y ahora mis padres, que se han esfumado… Temblorosa me acerco hasta una de las ventanas de la sala de estar, descorro con cuidado el visillo, intentando jugar la última carta que me queda antes de caer en la completa desesperación. Miro afuera. El día continúa siendo oscuro, pero eso no es lo que quiero comprobar. Miro un poco hacia la izquierda y entonces lo encuentro… Está aquí… ¡Maldición! ¡Está aquí, justo en frente de nuestra casa! Todas mis esperanzas se han esfumado, igual que ellos lo han hecho… Definitivamente han desaparecido… nuestro auto rojo sigue allí estacionado, donde siempre, pero ellos no están acá… ¿Dónde se han ido? ¿Será que si dejo de buscar la verdad me los devolverán?
¿Qué debería hacer?, me pregunto mientras retorno en mis pasos y subo descuidadamente las mismas escaleras. ¿Qué se supone que debería hacer…? ¿Dejar esto nada más? ¿Pero qué…? Aún me sigo preguntando si he hecho algo malo al intentar averiguar la verdad, ¿es ese el gran pecado que he cometido y por eso me arrebatan las cosas una por una? ¿La curiosidad mató al gato?, ¿será que este dicho se aplica en este caso? ¡Por qué no me lo explicaron antes! ¡Por qué no me dijeron que intentar buscar respuestas estaba mal! ¡Por qué no me dijeron que había que vivir la vida sin más, sin preguntar, sin estar en desacuerdo con lo que está sucediendo, aunque sepamos que está mal! ¡Pero está mal, realmente lo está! Mi corazón no deja de repetírmelo y yo no puedo hacer caso omiso a su murmullo… es demasiada fuerte su voz como para dejarla pasar y que se pierda en el aire… ¡Qué debería hacer! ¡Qué se supone que debería hacer…!
Pero…
…no quiero estar sola…

Eso es… ¿juegas con nuestras debilidades? Seas quien seas que está haciendo esto, ¡¿te gusta jugar con nuestras debilidades?! ¡Sí, haz dado en el blanco! Puede que sea una persona que no demuestra lo que siente, pareceré un poco insensible y despreocupada por los demás, pero… la verdad… es que no me gusta estar sola… aún cuando los únicos que me rodeen sean mis padres… ellos… ¡Está bien!, puedo renunciar a la amistad, ¡pero no puedo dejar que te los lleves a ellos! ¿Qué debo hacer? ¡¿Qué se supone que debo hacer?! ¡¿Qué se supone que debo decir?! ¡¿Qué se supone que debo prometer…?! Oh… ¿eso? ¿Será que quieres escuchar que diga eso? ¡Está bien, lo haré, lo diré!, aunque no quiera, aunque no deba, porque sé que está mal… porque sé que no he hecho nada malo…

<< AnteriorSiguiente >>

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Anímate a dejar tu comentario!