martes, 10 de abril de 2012

The Walking Sushi


 o
cómo ir a una exposición de sushi sin comer sushi


Habíamos esperado con ansias este día durante toda la semana, pero aun así, como buenos chilenos, llegamos atrasados al evento. Aunque eso no pareció importar, pues de todos modos tuvimos que esperar y hacer una fila para entrar. ¿Adivinen qué? Estamos en Chile y la apertura se había retrasado por casi una hora.

En un principio, cuando ingresamos al lugar y pagamos la entrada, los minutos de espera parecieron valer la pena al constatar “la cortesía” que nos ofrecían y apreciar la hermosa vista al mar. Pero la obnubilación no duró mucho tiempo y nuestros estómagos empezaron a exigir lo que habíamos venido a buscar: Sushi. Primero, nos preparamos como se debe, fuimos en busca de los palitos y los potes con salsa de soya. Luego, para empezar con la degustación, presurosos tomamos nuestras entradas, dispuestos a canjear el vale de mil pesos por alguna de las delicateses que nos ofrecieran los diversos stands. Mas, después de dar un par de vueltas nos empezamos a cuestionar si realmente habíamos llegado al lugar correcto.

Pues esa era una exposición de sushi, ¿no? Entonces, sushi es lo que deberíamos encontrar, ¿cierto? Pero por más que nos paseábamos por el recinto, recorriéndolo una y otra vez, rolls era lo que menos encontrábamos.

Por un momento creímos que el verdadero foco del evento era vender cerveza, pues eso es lo que más tenían y lo que más se veía desfilar. Pero luego volvimos a entrar en razón al percatarnos que no éramos los únicos que nos sentíamos desorientados. La demás gente que ilusamente, al igual que nosotros, había cancelado una ridícula entrada por algo realmente no se estaba ofreciendo, daba vueltas y vueltas, como cual zombie, con el cerebro frito por el calor, y deseoso de llevarse algo a la boca.

Si bien es cierto que a ratos algunas bandejas llegaban a los diversos stands, no alcanzaban a cubrir la demanda y las expectativas que todos los presentes, al parecer, no habíamos hecho de un evento de esta índole. Después de todo, si se trata de una exposición centrada en algún tipo de comida, lo que más se espera es poder comer y disfrutar aquello que se promociona. ¿Nosotros habremos entendido mal la instrucción, quizá? Tal vez el verdadero objetivo de aquella exposición no era reunir diversos locales especializados en este plato pseudo-nipón para vender, sino que lo hicieron para que la gente acumulara hambre, se llenara con salsa de soya y conversara sobre su fascinación por el sushi, pues puede que de esa manera, de algún modo místico, nuestros pensamientos lograran proyectar aquel añorado manjar. O puede ser simplemente que cada uno debía llevar su propia bandeja con rolls desde la casa, mientras que los organizadores del evento ponían la casa y los palitos. Ninguna de las dos opciones parece tan descabellada, ¿no?

Ahora, si nos ponemos en el lugar de las escasas piezas de sushi que había en el lugar, ¿cómo se sentirían? Quizá intimidadas al ver tal cantidad de palillos desesperados por agarrar algún bocado.


En situaciones como esta es cuando se aplica la ley de la selva, la supervivencia del más fuerte, ¿o del más hábil? Pues está claro que el que no era ducho en el arte de comer a lo oriental perdía feo en esta batalla campal contra el hambre.

Pero ahora, reflexionemos un poco. En una situación como esta donde se organiza un evento que promete ser el paraíso de todos aquellos que disfrutan, aman, idolatran y sueñan con sushi, pero que en cambio se convierte en una situación de filas interminables, a pleno Sol, de casi una hora y media –siendo generosos– para obtener tan solo 4 o 6 piezas de uno de los 5 stands –cifra irrisoria– en un mar de cientos de personas, ¿quién tiene la culpa? Vote por su alternativa preferida: a) Los stands por no abastecerse y prepararse como es debido; b) los organizadores, por hacer el evento en un cerro –sin ascensor y con escaleras infinitas– y no dar explicaciones ni preocuparse que todo marchase correctamente; c) las dos anteriores, o d) los asistentes por hacerse falsas esperanzas. Fuera cual fuese la respuesta correcta, sin lugar a dudas, la ExpoSushi 2012, realizada en Valparaíso en el cerro Cordillera, ha inaugurado un nuevo tipo de eventos culinarios, donde lo que sobra son las ganas de comer y lo que falta, la comida.



Como remate de esta crónica de la decepción, luego de poder cobrar –al fin– nuestros vales por luka nos retiramos sintiéndonos estafados y con un gran agujero en nuestros estómagos. Fue así que caminamos, caminamos y caminamos en busca de algún lugar donde hincar el diente –pues para remate era feriado– y luego de tanto sushi, sushi y pensamientos de chorrillana, terminamos disfrutando una deliciosa comida italiana.