jueves, 19 de septiembre de 2013

Tsuyu - Pasado distante - V



V

Cuando salí de la habitación estaba nevando, la naturaleza se había ocupado de aguar mi pronóstico del tiempo. Observé mi reflejo en la ventana, los copos de nieve se enredaban en mis cabellos, resaltando lo pálido que se veía mi rostro surcado por todas aquellas manchas de sangre. Era la viva imagen de Yukionna. Sonreí, debía concederle a Takeshi eso.
Miré hacia la izquierda y en el fondo del pasillo encontré a mi madre conversando con el hombre que nos había dejado entrar al recinto. «Lo asesiné», le revelé sin culpa a través del teléfono. «Él me provocó», le aseguré. Ella, sin perder la calma, me dijo que saliera del cuarto y que no me preocupara, porque se encargaría de resolver el problema. Cuando me vio en el exterior, me hizo una seña para que me quedara donde estaba. Ambos empezaron a caminar a mi encuentro.
Mientras esperaba, saqué mi bufanda de la mochila y me envolví en ella. Tenía frío y esto, además, ayudaría a cubrir algunas de las manchas que tenía en el rostro, aunque, claro, con respecto a la ropa no podía hacer nada. Mi madre se detuvo frente a mí, mientras que el hombre pasó de largo, sin siquiera mirarme, luego, ingresó en la habitación. Como yakuza, debía estar acostumbrado a todo esto, pero aun así…
–¿Estás bien? –me preguntó ella con una mirada inescrutable.
Asentí con la cabeza, sin poder dejar de pensar en aquel que había entrado al cuarto.
–¡Yokatta~! –exclamó mi madre con un alivio que nunca había escuchado en ella. Me estrechó entre sus brazos con fuerza, casi dejándome sin aliento, como si haciendo esto consiguiera ocultarme de todos los males que me pudiesen asechar en el mundo. Pero, si ese fuese el caso, es el mundo quien debiese ocultarse de mí… Era un monstruo… Pero… yo no quería…
O… o… kāsan [1] –hundí mi rostro en su busto, sintiendo ahora el real peso de lo que había hecho–. Yo… yo… no quise… –empecé a sollozar tratando de excusarme.
–Tranquila –me dijo dulcemente, besando mi frente–. Todo está bien ahora. Mamá ya solucionó el problema.
Traté de recobrar la compostura tras escuchar sus palabras. Aunque ya me esperaba que fuera sencillo lidiar con esto al negociar con la yakuza. Un poco de dinero y todo estaría arreglado.
El hombre volvió a salir de la habitación, sorprendido y con una amplia sonrisa surcando su rostro.
–Su hija es un verdadero demonio –soltó en una carcajada–. Nos dejó un gran trabajo acá adentro.
–¿A qué se refiere? –preguntó mi madre con curiosidad.
–Su hija no solo asesinó al chico –reveló–, sino que lo desmembró y, en algunos casos, trituró. Hay restos de él pegados en toda la habitación…
Yo me quedé helada al escuchar tal descripción. No recordaba nada de eso. Si incluso aún tenía la imagen del cuerpo de Takeshi junto a mí.
–Es extraño… –continuó–, como si hubiese estado tratando de encontrar algo. Porque parte de su cuerpo sigue intacto…
–Les pagaré el doble –mi madre levantó la voz, para que se callara.
–Como diga, señora –respondió, captando el mensaje–. Después de todo, su hija sabrá el motivo… –dijo en voz baja. Luego sacó su teléfono y volvió a entrar a la habitación.
–¡¡Qué hiciste!! –gritó mi madre exasperada. Su voz retumbó en mi oído, asustándome.
–No… no lo sé –tartamudee sollozando–. No… no me acuerdo.
–Suelta eso… –su voz apenas salió, pero podía notar toda su autoridad en la orden.
Sin entender a qué se refería, la miré con los ojos llenos de lágrimas. Su mirada se veía tan vacía, pero no era a mí a quien estaba observando, si no que su visión se perdía en algún punto junto a mi cintura. Apreté la diestra y lo sentí. Bajé la cabeza para encontrarme con aquello que había robado su atención. Estaba segura que se trataba de aquel manjar que había encontrado en la habitación… La luz había revelado su forma. Quedé atónita al saber qué era. No… no podía ser eso… No…
Mi rostro dio un giro inesperado en la dirección contraria. La bofetada retumbó por todo el pasillo, ni siquiera la nieve que aún caía pudo amortiguar el sonido del doloroso impacto de su palma contra mi rostro. El golpe me hizo soltarlo, liberando del peso de la culpa a mi mano diestra. El hígado cayó, hundiéndose en la blanca manta que ya había empezado a formarse…
–¿Por qué lo hiciste? –me interrogó mi madre acongojada. Yo sabía que esto le dolía tanto como a mí. Nunca antes me había levantado la mano–. ¿Dōshite [2]?
¡Wakarimasen [3]…! –repliqué aterrada, porque conocía las consecuencias de lo que había hecho.
Al escuchar mi respuesta, mi madre se volteó, sin seguir preguntando.
–Nos vamos –fue lo último que dijo aquella tarde antes de empezar a caminar.
Yo la empecé a seguir tan solo cuando estaba por desaparecer tras la puerta del recinto. Me costó dar el primer paso, porque había algo que me mantenía allí varada, con el corazón en la boca por la excitación. No debía mirarlo, tan solo debía avanzar. No quería defraudar a mi madre por segunda vez en un día. Aguanté la respiración para no dejarme embaucar por aquel nostálgico aroma y me atreví a caminar, dejándolo atrás. Pronto la nieve lo cubriría y no sería más que un mal recuerdo… Eso es lo que quería pensar.
Pero ya era demasiado tarde. Era tan solo cuestión de tiempo para que empezara a sentir los primeros síntomas. Luego, la demencia se apoderaría de mi cuerpo…
Y fue mi culpa… Solo mi culpa.


[2] どうして: ¿Por qué?

1 comentario:

  1. Saludοs,
    Debo rеconocеr que hasta hoу nο me motivaba ԁemаsiaԁο
    elblog, pero ahora estoy entгando maѕ a menido
    y еsta mejоrando.
    Ѕigue asi!

    Aгtiсulos relaciοnadoѕ Luis

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