martes, 17 de septiembre de 2013

Tsuyu - Pasado distante - III



III

El espanto de la enfermera no duró tanto al darse cuenta de que realmente no tenía ninguna herida. Me ayudó a limpiarme la sangre mientras, siempre que se acordaba, me preguntaba qué es lo que había pasado. Yo me limitaba a responderle que me había desmayado, así que no recordaba mucho más. De alguna manera ella supo que la sangre provenía de mis dedos, pero por más que buscó, no encontró ninguna herida o corte.
Solo por prevenir, insistió en llevarme al hospital para que me hicieran un chequeo, a pesar de que le reiteré que me sentía bien. Mientras me examinaban, trató de contactarse con mi madre, pero la línea sonaba ocupada cada vez que marcaba el número. Así era siempre, solo parecía desocuparse por la noche.
Tal como pensé, el doctor no pudo encontrar nada. Estaba completamente normal, como si esa sangre no hubiese sido mía. Si bien era cierto que estaba cambiando, aún seguía siendo humana, todavía faltaba para que mi lado        kitsune lograra dominar mi cuerpo.
Volví con la enfermera al colegio y, a petición mía, me quedé recostada en la enfermería durante todo el resto de la jornada. No quería volver a la sala de clases, porque tal vez Takeshi había regresado y aún no estaba preparada para volver a verlo. Antes de salir a notificar a mi tutor, la enfermera me preparó una infusión de hierbas para que me relajara y tratara de dormir un poco. Pero yo no quería eso, si no que deseaba aprovechar la tranquilidad para pensar… Eso es lo que necesitaba… Pensar…

¿Qué sería lo siguiente?


A pesar de que la enfermera me aviso que, tras tanto insistir, se había logrado comunicar con mi madre y que esta vendría a buscarme a la escuela, no pude aguantar más y decidí salir en cuanto escuché los cuartos de Westminster –melodía que solo me gustaba porque marcaba el final de la jornada–. Si ella venía en camino, de seguro me la toparía.
Al llegar al genkan [1], me acerqué a la taquilla para cambiarme el calzado, me puse mis zapatos y dejé los uwabaki [2] donde correspondían. Ahora sí estaba preparada para terminar este día, ¡por fin!
En el exterior la lluvia ya había amainado, cosa que no me extrañaba, ya que era inusual que lloviera en enero. Aun así, continuaba nublado. Tal vez esta noche llovería un poco más y mañana amaneceríamos con un poco de niebla, pero luego se despejaría. Tenía fe en ello. Y no es que estos días me molestaran, en absoluto, sino que, últimamente, estaba deseando ver la Luna cada vez que me iba a la cama…
Cuando el tiempo estaba así, acostumbraba utilizar bufanda, una que combinara con los colores del seifuku [3] de la escuela. En este sentido, era bastante conformista, no me llamaba la atención modificar mi uniforme para demostrar mi individualidad, después de todo, yo estaba bastante segura de que era única. Por alguna razón –que luego comprendería–, me sentía acalorada, por lo que me detuve en una de las paradas de autobús que había en el camino para guardar la bufanda y sentarme, tal vez el aire fresco que corría me ayudaría a regular la temperatura. O, quizás, tan solo debía quedarme allí y esperar a mi madre, que ya debía estar por pasar en su auto. Eso sería lo mejor, después de todo, ya había salido de la escuela y me podía sentir aliviada. Lo peor ya había pasado… O eso es lo que quería pensar…
No esperé un segundo más y me volví a poner de pie. Tras respirar profundamente, coloqué mi bolso en el brazo y continué con mi camino. Un paso tras otro, sin pensar, sin fijarme en la ruta, tan solo confiando en el instinto de mis pies. Solo deseaba que eso fuera posible y que mis piernas supieran donde me llevaban, ya que, desde el inicio, me había desviado del camino. Pero aquello, no era lo realmente importante, sino que me estaban siguiendo.
No me apresuré. Traté de que mis movimientos se vieran naturales para que mi acosador no se percatara que me había dado cuenta de su presencia. La verdad es que lo había notado desde el momento mismo en que me quité los uwabaki. Cuando me incliné, él también debió hacerlo, intentando ver más allá de lo que estaba permitido. Pude sentir su frustración al no conseguirlo, porque el largo de mi falda no se lo permitía y la distancia lo vedaba.
Debo confesar que, durante el primer tramo, creí que se había aburrido de seguirme, porque no fue hasta que me senté que volví a sentir su mirada sobre mí. No sacaba nada con buscarlo, pues estaba escondido, asechando, buscando el momento preciso para hacer su movimiento. Puedo asegurar que se había equivocado.
No sé por cuánto tiempo caminé. No sé cuántas calles crucé. Tampoco sé cuántas esquinas doblé. Tan solo estaba segura de que más de una vez recorrí el mismo camino. Y eso no importó, porque él continuaba allí, siguiendo mis pasos en silencio. Pero aquello era más de lo que podía aguantar. Por primera vez en mi vida me detuve completamente decidida, pisando firme con ambos pies. Todo este tiempo solo había aprendido a rehuir de mis problemas, jamás a enfrentarlos. Había sido sumisa, me había entregado por completo al destino que los demás habían decidido trazar para mí. «Serás esto», me habían dicho indirectamente y yo, como una oveja obediente, lo había aceptado como mi nueva condición sin rechistar. Porque aquella a la que perseguían no era yo, sino que una Tsuyu inventada, moldeada por todas aquellas sombras que habían cargado en mi espalda. Ahora todo cambiaría, lucharía por ser quien soy… o por quien estaba a punto de ser…
–Ya puedes salir –vociferé, sin obtener ningún tipo de respuesta. Debía ser más directa–. Tus pisadas se pueden sentir a un kilómetro de distancia, Takeshi.
No tardé en escuchar una risotada a mis espaldas, luego, el sonido hueco de un tacho de basura que rebota en la acera tras ser pateado. Él realmente estaba allí, la única persona con la que no me quería volver a encontrar, más cerca de lo que esperaba.
–¡Yabê~ [4]! –exclamó intentando sonar sorprendido–. Das miedo, yariman –volvió a insultarme–. Aunque sabías que te seguía, no hiciste nada.
–¿Qué quieres? –le pregunté, tratando de que en mi voz se hiciera evidente la distancia que él no parecía ver.
–¡Qué violenta! –se quejó con cierta malicia. Al parecer había interpretado mis palabras como el inicio de un juego que él solamente parecía entender–. Acerca de lo que ocurrió esta tarde… –comenzó a hablar.
Me volteé, sorprendida que quisiera hablar acerca de aquello. Quise mirarlo a los ojos para saber cuáles eran sus verdaderas intenciones, pero él los tenía volcados hacia el suelo. ¿Apenado? No, eso no podía ser. ¿Acaso se iba a disculpar? Como si yo lo fuera a per…
–Supongo –interrumpió mis pensamientos– que no se lo comentaste a nadie, ¿cierto? –alzó la mirada, encontrándose con la mía. El contacto fue algo inevitable. Ambos estábamos buscando esto, escrutarnos frente a frente, para revelar aquello que estábamos ocultando–. Más te vale que no se lo hayas comentado a los profesores y que no se lo vayas a contar a tus padres –aquella violencia que expelía su amenaza no era algo que solamente podía adivinar a través de sus palabras, sino que sus pupilas también se encargaban de reforzarlo. Todo su cuerpo proyectaba su intención en caso de que mi respuesta fuese negativa. Indudablemente Takeshi no era como los demás, él estaría dispuesto a sobrepasar cualquier límite ético o moral con tal de conseguir lo que se propusiera. Empuñó su mano, impaciente al no oír mi respuesta.
–¿Acaso estás loco? –respondí despreocupada, sin ceder en este duelo visual.
Yokatta~ [5] –suspiró con un falso alivio, casi saboreando la información que le había dado. Poco a poco aquella aura asesina que lo había envuelto se fue disipando, dando espacio a un nuevo deseo, uno que ya había tenido el desagrado de conocer–. Entonces, me estabas esperando, ¿cierto, yariman? –reinició con sus jugarretas–. ¿Quieres que retomemos donde nos habíamos quedado?
Peligrosamente empezó a acercarse cada vez más hacia mí. Debía hacer algo antes de que él tomara el control de la situación. El callejón en que nos encontrábamos no era muy concurrido y yo estaba segura de que el lugar donde lo hiciéramos no sería un impedimento para su libido.
–Por supuesto –le seguí el juego. Él se detuvo, impresionado por mi respuesta–. Por eso permití que me siguieras hasta acá.
Takeshi continuó inmóvil, evaluando mi cambio de actitud. Su cabeza no parecía entender lo que estaba ocurriendo, pero en el fondo le divertía que la conversación estuviese yendo por este camino.
–¿Qué quieres decir…? –inquirió, dejándose llevar por la excitación que le causaba la curiosidad.
–¿Tanto te deslumbro que no puedes apartar tus ojos de mí? –me mofé. Evidentemente el comentario no le había agradado, porque le hacía ver que era yo quien estaba dominando la situación–. Mira tras de ti –le sugerí antes de que me pudiera replicar.
Takeshi me hizo caso y se volteó, quedándose, con lo que me iba a decir, en la boca. Pero estos años de sumisión y silencio me habían servido para aprender a leer a la gente y él, a pesar de que solo hoy estaba empezando a entenderlo, era como un libro abierto, con motivaciones y necesidades básicas. La sonrisa de oreja a oreja no se dejó esperar en su rostro.
–Pequeña traviesa –exclamó jovial. Ya no necesitaba estar a la defensiva–. Supongo que habrás tenido varias enjo kōsai [6] aquí. Pero esta vez recibirás algo mejor que dinero; te recompensaré con placer, saseko [7].
Takeshi aceptó aquella propuesta implícita que le había hecho. Ni siquiera se siguió cuestionando y tan solo dejó de evaluarme. Ansioso, se encaminó hacia el Love Hotel [8] que se escondía al fondo de la calle, entre unos matorrales que trataban de cubrir los avisos de neón que se mantenían siempre encendidos ofreciendo aquella irónica discreción. Yo le seguí los pasos, completamente segura de lo que estaba haciendo. Ya lo había decidido, ¿no? No seguiría huyendo, era momento de enfrentar el problema y darle lo que buscaba.
Mientras caminaba, fui desabrochando mi blusa hasta que se insinuara lo suficiente el sujetador. Luego, traté de subir lo suficiente mi falda, ocultándola debajo de la camisa, para que se descubrieran mis pálidas piernas. Si lo haría, debía asumir el personaje que querían que interpretara.
Antes de entrar, Takeshi se volteó para mirarme, como asegurándose de que seguíamos jugando a lo mismo. Me sonrió complacido, disfrutando de aquello que observaba.
–Esta vez yo pago –me indicó, como si se tratara de una recompensa por el servicio que le estaba entregando.






[1] 玄関: Entrada de un edificio japonés
[2]上履き: Calzado de interior
[3] 制服: Uniforme escolar
[4] やべ~: Expresión derivada de yabai (やばい) que puede tener distintos significados según el contexto. En este caso indica sorpresa.
[5] 良かった: Me siento aliviado
[6] 援助交際: Cita compensada monetariamente
[7] させこ: Puta
[8] ラブホテル: Literalmente «Hotel del amor», este tipo de hotel ofrece privacidad para que una pareja pueda tener relaciones sexuales.

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