sábado, 19 de octubre de 2013

Tsuyu - Pasado - III



III

El tiempo pasó más rápido de lo que imaginé. En marzo, como era costumbre, se realizó la Sotsugyō shiki [1], a la cual no asistí, aunque me hubiese gustado ir tan solo para ver la expresión de mis compañeros cuando me reconocieran como la mejor estudiante de la promoción. Bueno, eso si es que no omitían mi existencia. Al día siguiente, mi madre pasó a retirar el diploma que acreditaba mi egreso.
Finalmente, durante las haru yasumi [2], iniciaríamos la mudanza. Ya habíamos conseguido el visado necesario para emigrar. En primera instancia llegaríamos a Seul, donde Mizuki-san nos estaría esperando. Nos hospedaríamos en su hogar por unos días, pues sabíamos que la capital no sería nuestro destino final. Mi madre solo debía dejar andando sus asuntos antes de que pudiésemos partir.
Como yo ya estaba empezando a experimentar estos cambios que revelaban mi lado más salvaje, lo ideal sería vivir en un lugar donde pudiese desenvolverme de una mejor manera, donde existiese mucha más naturaleza para disfrutar. Nosotras no conocíamos mucho acerca de Corea del Sur y Mizuki-san, desde que había llegado, jamás se había movido de Seul, por ello, solo teníamos como referencia los consejos que Sa-Yeon nos daba. Ella había señalado una ciudad que podía cumplir con nuestras expectativas, un lugar donde, según afirmaba, existían hermosas montañas y parques con una amplísima vegetación y en donde, además, se preocupaban por la educación. Sus palabras habían logrado convencernos y, a su vez, demostraban el amor que sentía por aquel lugar, la ciudad donde pasó gran parte de su infancia, Jeonju.
Las pocas semanas que estuvimos en Seul se me hicieron eternas. No hallaba la hora en que mi madre me dijera ‘nos vamos’. Y no es que no me gustara vivir en la casa de Mizuki-san, pero había algo en específico que me molestaba de ella. Por las tardes, antes de la cena, ella solía sentarse a conversar con nosotras, reiterando una y otra vez lo hermosa que yo estaba. Elogiando mi larga y bien cuidada cabellera, decía que le encantaba que, a pesar de ser castaña, brillara rojiza al contacto con la luz. Además, me repetía una y otra vez que tenía una figura envidiable a mis 12 años de edad. Yo solo le sonreía, agradeciéndole, aunque ese no era un aspecto que me gustase tocar o del que me sintiera orgullosa, ya que, en parte, mi apariencia fue la que germinó la envidia en mi antigua escuela. Pero eso, no era lo que realmente me molestaba, sino que eran sus comentarios y presunciones acerca de sus pretendientes los que me daban náuseas. Ella debía tener 23 años en edad humana y hace tres que ya residía en Seul. Al parecer no había malgastado su tiempo, pues no logré contabilizar exactamente cuántos jaebeol [3] de tercera generación la frecuentaban. Por sobre todo, me hartaba que tratara de persuadir a mi madre para que aceptase a salir con ella en una cita doble, quizá así, le decía, lograría encontrar un hombre que la acompañara en su travesía por Corea. También podría tomarlo como una oportunidad para ingresar exitosamente al país, fusionándose, tal vez, con la empresa de su pretendiente y futuro esposo. Tal era el delirio de Mizuki-san que en vano hablaba y hablaba tratando que la apañaran en su búsqueda por el hombre ideal. Quizá mi madre sentía el agresivo cambio de humor que empezaba a alterarme en mi interior cada vez que se tocaba aquel tema, pues siempre solía apoyar su mano sobre mis ya apretados puños para calmarme. Luego, solo repetía que no necesitaba una pareja para ser exitosa, que estaba bien como estaba conmigo. En ese momento no sabía si aquello lo decía por mí o si era lo que realmente sentía, pero cada vez que lo escuchaba me sentía aliviada. Mizuki-san, en cambio, aducía que no podría seguir teniendo una existencia humana sin un hombre en su vida. Ya había sufrido demasiado al asesinar a su primera pareja para alimentarse de su humanidad y, ahora, sentía que moriría si se dejaba abrazar por la soledad. Yo, con una maldad que jamás pensé propia de mí, solo desee que cuando lo encontrara, siendo su amor tan grande, muriera por él, para que así aprendiera mortalmente a no confiar en los hombres.


Cuando llegamos a Jeonju, Sa-Yeon se preocupó de hacer los trámites para ingresar a una jung hakgyo [4] que ella misma nos había recomendado. Claro, debía de cumplir con el requisito de ser de excelencia, pues mi madre no aceptaría menos.
Yo estaba nerviosa, pues tenía miedo de estropear esta segunda oportunidad que se me estaba brindando. ¿Podría controlar realmente aquel instinto animal que había despertado en mí? Mizuki-san, frente a todo lo desesperante que podía resultar para mí, me había dado algunos consejos y con Sa-Yeon practicamos algunos cuantos ejercicios que ayudarían a relajar mi mente. Esperaba que funcionaran.
Llegué a clases en mayo, dos meses después del inicio de estas. Antes de entrar a la sala, el profesor me preguntó si yo sería capaz de presentarme sola. Yo le respondí que no se preocupara, que me lo dejara a mí. El idioma no era un problema, es más, el coreano era casi como mi segunda lengua materna.
Cuando me paré al frente de la sala y vi todos aquellos rostros desconocidos observándome, sentí que de un momento a otro mi corazón huiría por mi boca. Jamás lo había sentido palpitar con tanta insistencia y nunca pensé que una cosa así podría ocurrir en un momento como este. No estaba nerviosa, estaba aterrada, porque sabía que lo que estaba a punto de decir y hacer sería decisivo en la forma en que me recibirían. Cerré los ojos por un instante e inspiré profundamente antes de hablar, esta sería mi carta de presentación a lo que esperaba que sería mi nueva vida:
Annyeonghaseyo! Je ileum-eun Seul-Yi ibnida. Jeoneun Ilbon-eseo wass-eoyo. Yeoleobundeulgwa jal jinaess-eumyeon johgessseubnida [5].
Y el cambio de nombre, sería el primer paso.
Tras terminar, escuché un par de daebak y eomeo [6]  entre las diversas exclamaciones de asombro que inundaron el salón.
Luego de agradecerme, el profesor apuntó un puesto vacío al lado de la ventana, en la última fila. Mientras caminaba para ubicarme donde me habían indicado, sentí las miradas de mis compañeros sobre mí, siguiéndome. No me atreví a comprobarlo, pues terminaría ruborizándome mucho más de lo que ya estaba.
Torpemente, dejándome llevar por los nervios, choqué con uno de los bancos. Levanté la cabeza, buscando el rostro del dueño del puesto que había movido, para disculparme.
Joesonghabnida [7] –me disculpé educadamente, sin importar si fuera menor o tuviésemos la misma edad.
Ella, sorprendida, tan solo asintió con la cabeza mientras tímidamente trataba de apartar los mechones que caían desordenados sobre su rostro. Parecía que le molestaban, en especial aquellos que cubrían su ojo izquierdo.
–Mi nombre es Yeong-Mi [8] –se presentó.
Yo solo alcancé a sonreírle antes de que el profesor me llamara la atención para que me sentara rápido, porque me estaba esperando para iniciar la clase.


[1] 卒業式: Ceremonia de graduación
[2] 春休み: Vacaciones de primavera
[3] 재벌: Magnate
[4] 중학교: Escuela Secundaria Media
[5] 안녕하세요. 이름은 슬이 입니다. 저는 일본에서 왔어요. 여러분들과 지냈으면 좋겠습니다: ¡Buenos días! Mi nombre es Seul-Yi. Vengo de Japón. Espero que podamos ser buenos amigos.
[6]대박 y 어머: expresiones que denotan asombro
[7] 죄송합니다: Lo siento (formal)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Anímate a dejar tu comentario!