lunes, 11 de noviembre de 2013

Tsuyu - Pasado - V



V

Durante aquellos tres años que duró la jung hakgyo aprendí a conocer a Yeong-Mi mejor que a mí misma. A su vez, ella aprendió de mí todo lo que le permití conocer. Éramos felices, revelamos nuestros sueños y ambiciones y nos apoyamos mutuamente para conseguirlos. Pero, a decir verdad, el mío no me importaba tanto como el suyo, yo deseaba que a toda costa pudiese cumplir aquel anhelo que la acompañaba desde pequeña. Y el paso que daría al escoger a qué godeung hakgyo asistiría, sería el primero y más importante para poder alcanzarlo.
–Te pasarías de tonta si no fueras a una Escuela de Artes –le solía repetir cada vez que la indecisión nublaba su determinación.
 –¿Tú crees? –me preguntaba simulando poco interés en lo que le afirmaba.
–¡Babo [1]! –le gritaba con dulzura, rozando suavemente su cabeza con mi puño–. Estás pintada para entrar allí, ¡si lo tuyo es el canto y el baile, Eonni! –le aseguraba con total franqueza.
Ella evidentemente lo sabía. Por eso siempre había estado ensayando las coreografías de sus grupos favoritos. Cada vez que salía un MV de un nuevo sencillo o cuando realizaban un Comeback en televisión, ella grababa o descargaba a través de internet el video, para verlo una y otra vez hasta que los pasos se volvían casi tan fáciles de recordar como cuando uno aprende a anudar un zapato. Eso, por lo que me había dicho, lo llevaba haciendo desde que era pequeña y vio a su primer grupo de Eonni bailar en la tele. En ese entonces, reveló su determinación a su madre: “Me gustaría bailar como las niñas de la tele”, fueron las palabras que Yeong-Mi me aseguraba que le dijo aquella primera vez. Y ahora era el momento ideal para ver cumplido su sueño.
Pero yo no dejaría que se fuera sola. Ella era demasiado valiosa para mí como para simplemente dejarla ir.
Aquella respuesta llegó a mí un día en que sentí el peso de la separación en mi pecho. Desde que nos habíamos hecho amigas que acostumbrábamos hacer el recorrido juntas de vuelta a casa. Vivíamos en barrios cercanos, por lo que debíamos tomar el mismo bus. Pero aquella vez tuve que dejar que se fuera sola, ya que mi madre me había pedido que la acompañara a hacer una diligencia en el centro de la ciudad, así que debía ir a buscarla a su oficina. Yeong-Mi subió al bus y se sentó en una ventana cercana para poder despedirse. Yo, como una forma de ocultar el dolor que afligía mi corazón por no estar con ella, me despedí con grandes ademanes para ver si conseguía robarle una sonrisa. Ella reaccionó como yo esperaba y, luego, se tapó la cara con las manos para ocultar la vergüenza que encendía sus pómulos. Antes de que partiera el bus, Yeong-Mi volvió a mirarme y me susurró algo, yo, comprendiendo lo que me proponía, levanté mi pulgar derecho aceptando su propuesta. Porque eso era todo lo que necesitaba, que ella me pidiera que continuara en su vida, así como lo había hecho hasta ahora.
Así fue como su sueño, también se convirtió en el mío. Había decidido asistir a la misma Escuela de Artes que ella.


[1] 바보: Tonta

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